Sobre política

Advertencia: Este blog no está clasificado como un blog literario, cultural o de opinión. Simplemente es un blog, pero hoy voy a escribir un post que tiende más a la opinión que a cualquier otra cosa.

Si nos vamos a poner de honestos hay que decir que a mí la política me aburre. Por eso casi no hablo de ella, ni escribo de ella. Yo no leo mucho el periódico. No lo leo porque me deprimen las noticias y como ya dije, me aburre la política. Nada de eso quiere decir que yo no tenga una opinión al respecto de temas de relevancia nacional o mundial. Realmente que uno lea el periódico o vea noticias no garantiza que uno sea capaz de generar una opinión. Así como el hecho de que uno estudie comunicación no garantiza que uno posea muy buena habilidades comunicativas (desafortunadamente).
Volviendo al cuento, a mí la política me aburre porque no creo en ella. Mejor, no creo en las personas que hacen política… todavía mejor: no creo en las personas que hacen política en este país y esas personas, sus disputas, acciones y palabras constituyen un gran porcentaje del periódico. Así que por eso casi no lo leo y en parte gracias a eso fue que me desencanté de periodismo. No me seduce la idea de escribir al respecto; y también por eso fue que saqué a Daniel Samper Ospina y Vladdo de Twitter. Aunque a veces digan cosas interesantes, no puedo sino hartarme de que anden lanzándose la pelota acusatoria con Uribe, el ministro tal, el senador tal, la periodista insoportable etc. Eso me cansa, en fin.

Resulta que como ahora el periódico llega a mi casa, leo un poco más que los titulares y hoy viendo una columna y junto con otra que leí ayer, decidí escribir este post. Léase bien, porque como ya dije el tema me aburre y no planeo escribir más al respecto algún día pronto.

Las dos columnas se referían a la renuncia al partido verde del excandidato presidencial Antanas Mockus. Hecho que junto con la decisión del partido verde de “aliarse” con el partido de la U para las próximas elecciones a la Alcaldía de Bogotá, ha generado bastante polémica. Ambas acciones han generado tanto detractores como simpatizantes.

Respecto al apoyo al partido de la U, algunos consideran que fue una buena jugada, que podría asegurar que Peñalosa termine en la alcaldía. ¿Yo que pienso? Típico. Alianzas entre partidos. Muéstrenme algo nuevo en la política de este país. ¿Pero los verdes? ¿con los de la U? eso sí que se ve feo. Feísimo.

Aclaro que a diferencia de muchas personas yo no apoyaba al partido Verde porque fuera la oposición al partido de la U, finalmente había más opciones, sino porque me parecía que estaba compuesto de personas que tenían buenas ideas, que traían algo nuevo a la mesa. Yo no creo en los políticos. Pero creí (y todavía lo hago) en un personaje como Mockus. Yo no digo que sea perfecto o que no haya cometido errores en su campaña. Digo que creo en él.

Para muchos, el partido Verde representó la posibilidad de una forma diferente de hacer política, una forma diferente a la tradicional, a los favores, a la corrupción, a las alianzas entre partidos como si se tratara de un reality show. Preciso, salen los verdes con la intención de mezclarse con los de la U. Oiga, eso no pega, no cuadra con lo que es ese partido… o por lo menos no cuadra con lo que NOSOTROS creíamos que era ese partido.

Entonces Mockus decide renunciar al partido Verde y decir lo siento, pero esto no va conmigo. La gente que lo critica lo tilda de orgulloso. A mí me parece muy valiente y sobretodo ético. Este señor da una muestra de tener principios y de hecho nos recuerda que en algo tan delicado como la política, los principios deberían importar.

Eso era lo que a mí me llamaba la atención, lo que hizo que se me avivara la llamita política en las elecciones presidenciales pasadas. Entonces ganó Santos y en su discurso de… (No sé como llamar ese momento) celebración, este señor dice (obvio no literalmente) “Colombianos… (bla bla), juntos vamos a luchar por este país (bla bla)… porque nuestros enemigos son comunes”. Y cuando escuché eso quise gritar. O mejor escribir una carta muy aireada:

Estimado señor Santos. No me crea a mi tonta. Ese es el consabido discurso de la hegemonía. Nuestros enemigos son comunes y listo. Todos nos juntamos y luchamos. Claro, algunos de nuestros enemigos son comunes. Pero ¿qué hay de nuestras ideas, de nuestros principios? Lo siento, pero yo dudo mucho que nuestros principios sean comunes. Mucho menos cuando las posibilidades de que usted esté involucrado con los falsos positivos sean tan altas y cuando usted apoyaba a capa y espada un gobierno que prefería invertir en GUERRA que en educación y salud. Yo también quiero un buen país, pero a mí no pretenda confundirme con su discursito de la hegemonía. Nuestras ideas no son las mismas y al parecer no defendemos las mismas cosas.

Nunca escribí esa carta de la rabia que me dio que la gente en este país no quisiera cambiar y no quisiera pensar antes de votar. De la rabia nunca volví a hablar de política o a pensar siquiera en ella. Por eso es que no creo en política, por eso es que me aburre. Por gente que lo resume todo con hegemonía. Y Mockus decide renunciar porque no pudo tragarse el “sapito” y para mí eso constituye una lección de principios, de ética, palabra cuasi-desparecida del diccionario político.

Mockus sabe que por más que nuestros enemigos (algunos) sean comunes, nuestras ideas y nuestras formas de luchar contra esos enemigos no son iguales. Y que uno no puede hacerse el tonto con la gente y no mirar atrás. Y no se trata de mantener rencores pendejos, o de pasarse la vida acusando a otros. Obvio, hay que construir país, pero las cosas que se hacen en el pasado no se borran simplemente y los políticos no deberían por qué tener que cambiar de formas de pensar tan solo para obtener un par de votos más, exactamente porque es muy difícil que lo hagan… aunque digan lo contrario.

En fin, yo solo soy una veinteañera pasional. Que sabe que el mundo está vuelto mierda. Pero que aún así cree en la verdad, la justicia y la belleza y mientras exista gente con principios, seguirá creyendo.
Eso era todo. Que gracias.

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