Alegre, loca y gris
Miércoles 29 de abril de 2009, 23:15
No recuerdo la sucesión de eventos.
Solo supe que había perdido el equilibrio cuando mi cuerpo ya se encontraba paralelo al suelo.
Todo porque quise dejar de luchar contra la gravedad.
Y ahora estaba pegada contra el suelo deseando que alguna clase de fuerza enérgica pudiera halarme de mi letargo.
No iba a suceder.
Que sucede hoy?
Mi mente volvió a posar ante mis ojos la imagen mas nítida que podía recordar antes de caerme.
Sus ojos...
la manera tan desmedida al extrañar.
Un lugar al que nunca fui
Uno de los días más felices de mi vida.
Una voz que me sorprendía de la nada.
Una frase que espere dos semanas para oir.
El vuelo de las hojas por la calle con la magia perdida al parecer,
desde mi alma.
De todas y cada una de mis risas al infinito.
Como intentos desesperados por aferrarme a la locura.
El ritmo desbocado al que latieron dos corazones en un mismo instante.
Aquel olor que me alborotaba el aire.
Mis inventos
porque eso eran
creaciones en escala de azules de mi mente.
No era yo quien poseída por el desespero había intentado asesinar
al mismísimo miedo
y lo había visto sangrar ante mis ojos.
No fui yo quien tocó el cielo en mis delirios.
Bah,
Ilusa.
Transida de dolor decidí detener los pungentes pensamientos allí mismo.
Y me levanté.
A seguir buscando razones para luchar contra la gravedad.
No recuerdo la sucesión de eventos.
Solo supe que había perdido el equilibrio cuando mi cuerpo ya se encontraba paralelo al suelo.
Todo porque quise dejar de luchar contra la gravedad.
Y ahora estaba pegada contra el suelo deseando que alguna clase de fuerza enérgica pudiera halarme de mi letargo.
No iba a suceder.
Que sucede hoy?
Mi mente volvió a posar ante mis ojos la imagen mas nítida que podía recordar antes de caerme.
Sus ojos...
la manera tan desmedida al extrañar.
Un lugar al que nunca fui
Uno de los días más felices de mi vida.
Una voz que me sorprendía de la nada.
Una frase que espere dos semanas para oir.
El vuelo de las hojas por la calle con la magia perdida al parecer,
desde mi alma.
De todas y cada una de mis risas al infinito.
Como intentos desesperados por aferrarme a la locura.
El ritmo desbocado al que latieron dos corazones en un mismo instante.
Aquel olor que me alborotaba el aire.
Mis inventos
porque eso eran
creaciones en escala de azules de mi mente.
No era yo quien poseída por el desespero había intentado asesinar
al mismísimo miedo
y lo había visto sangrar ante mis ojos.
No fui yo quien tocó el cielo en mis delirios.
Bah,
Ilusa.
Transida de dolor decidí detener los pungentes pensamientos allí mismo.
Y me levanté.
A seguir buscando razones para luchar contra la gravedad.
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