Veinticinco fenómenos del niño (porque acá no hay primaveras)
El vértigo es abrumador. Todo el mundo me recuerda que 25 años son un cuarto de siglo, la mitad de cincuenta años. Me miro en el espejo y me pregunto a qué horas pasó tanto tiempo y cómo es que yo todavía no me siento como el adulto responsable y serio que creí que debía ser a esta edad cuando era niña. Escarbo en mi cabeza y compruebo que tengo demasiados recuerdos en ella. ¿Será por eso que con la edad uno empieza a olvidar las cosas? ¿porque simplemente no hay lugar para tanto? No sé, empezar a perder la memoria es algo que me abruma, porque sé que todos estamos hechos de las cosas que vivimos y sin la memoria sencillamente no podríamos evolucionar. Esa es otra discusión, pero está relacionada. Sí, el número es abrumador para mí. Quienes son mayores me miran con ternura y me recuerdan que aún me falta mucho por vivir, por aprender, que estoy en la flor de la vida. Yo no sé cómo sean las hojas o el tallo de la vida, así que no puedo refutar esa afirmación, pero compruebo que ...