Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2011

Aparición

Este semestre se me apareció Luciana. Luciana, si saben? algo saben de ella. No tanto como yo claro, que siento que la conozco como a una amiga de toda la vida, pero saben quién es. De pronto alguna imagen mental se han podido armar. Obviamente yo siempre he tenido una imagen de ella. Una imagen que se me aparece de vez en cuando a contarme sus historias y me obliga a dejar todo de lado para ponerle cuidado, así como con casi todos mis personajes, la encuentro fascinante. Este semestre en una clase, la vi. Vi a Luciana. Entiéndase, vi a la mujer que podría ser ella. La vi y no pude quitarle los ojos de encima. Esa belleza rara, plagada de dulzura, de inteligencia y de actitud. En resumen esa mujer que resalta entre una partida de rubias hiperproducidas que tienen que gritarle a medio mundo que acaban de llegar. Aburrida, aburrida, aburrida y aparece ella... ¿Luciana? Ella tiene esa capacidad de cruzar una habitación y hacer que todo el mundo se sienta atraído inexplicablemente hac...

Flujo de pensamiento

Que dime que me amas, que no te creo, que dímelo otra vez. Que me duele acá desde hace dos semanas y no sé qué hacer, que no, no me toques que se me empeora, que no es mental, que te lo juro que me duele. Que me aburrí, cuéntame algo, que algo entretenido que algo de tu vida, de tu infancia, que qué historia tan mala, que no sabes contar nada. Que eres un tonto, que te quiero pero no te lo voy a repetir. Que sí, que sí te quiero que es verdad, pero que igual eres tontico y eso me encanta. Que cómprame un helado de maracuya, pero del cremoso, porque el de agua no me gusta. Que no te pongas esa colonia que te da olor a perro mojado, que no, que te queda horrible. Que ven tocamos el piano, que no importa que sean las 3 am, que qué me importan los vecinos, que bien pueda se quejen, que yo solo quiero tocar el piano. Que voy a tocar desnuda, que no me importa. Que no te vayas tan temprano que me da miedo quedarme sola, que no me dejes, que no porque me como toda la nevera y después me sient...

I miss you

"Magdalena, tírame un beso". Eso fue lo último que me dijo Roberto. Y yo no le tiré el bendito beso porque estaba demasiado ocupada riéndome como boba. Porque solo podía pensar en que lo amaba, en que me gustaba acostarme con él, en lo felices que éramos. Estaba demasiado ocupada caminando en una pequeña nube rosa. Entonces solo alcé la mano y me despedí. No le dije "bueno, Antonio", ni le sonreí, ni le mandé el beso, ni me giré para ver como me miraba. nada. Lo de Magdalena y Antonio era un juego tonto que teníamos, de los nombres que nos habíamos dicho cuando nos habíamos conocido. La última vez que lo vi no le seguí el juego. Y sigo repasando ese último momento en mi cabeza como una película rayada que no quiero, ni puedo parar de ver. Quiero gritarme a mí misma que voltee, que corra a besarlo, que no lo deje ir, que no lo deje montarse en ese bus para su casa, que no lo pierda, que no puedo perderlo... no puedo... Pero no puedo meterme ahí, no puedo cambiar la m...

Notas al pie para un texto aún no escrito sobre mi infancia part. 7

8. Perdida. ¿Alguna vez se perdieron de niños? ¿En la calle, en un centro comercial o en un evento atestado de gente? Yo sí. Apuesto que me perdí más de una vez por ser tan distraída. Pero de la vez que más me acuerdo es de haberme perdido en un Pepe Ganga cuando daba una vuelta con mis papás y mi hermana. Tendría entre 4 y 6 años. Seguramente me entretuve viendo algo en algún estante y cuando voltée, ya no había nadie que yo conociera. Fijo me asusté, fijo una parte de mí me dijo que me quedara quieta en mi lugar, tal cómo me había advertido mi mamá que hiciera si llegaba a perderme. Según ella, me encontrarían en el último lugar en el que hubieramos estado juntos. Fijo me cansé de quedarme ahí quietica, fijo me angustié y empecé a caminar por las demás hileras buscando a mis familia entre la multitud. Fijo tenía una cara suficientemente preocupada como para que un señor muy bien vestido, que llevaba en brazos a su hijita pequeña, me preguntara si estaba perdida. Ante mi cara perpleja...

"No, pues nada"

No entiendo de dónde surge esa pueril maña de muchos de mis congéneres de introducir sus discursos o respuestas con un "No, pues nada, tal y tal cosa" o "Y nada, tal y tal cosa." De verdad gente, se oye tonto y es fastidioso que todos contesten con aquella prostituida palabra. La nada es la negación del todo ¿por qué quieren comenzar a hablar con una negación? Juro que no entiendo. Y cancela todas las buenas impresiones que pueda generar en mí el orador que la use. He Dicho.