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Mostrando entradas de julio, 2010

Trago amargo

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A Vivi. Ron viejo de Caldas, Ginger ale, dos cubos de hielo, una rodajita de limón y tú… que comienzas a diluirte poco a poco en mi trago. Levanto la vista y allí estás. Bailando con ella con esa cara de boludo con la que yo siempre he soñado que me mires. Y solo desearía por un instante ser lisa y pelinegra con el cabello hasta la cintura, de ojos grises, un metro setenta de estatura, esa sonrisa bobalicona que los detiene a todos en el tiempo, aquel cuerpo sensual capaz de meterse en esa franelita blanca, con ese estilo al caminar… Quisiera por un momento ser ella… a quien miras con tanto interés. En cambio, se me congela la mano derecha con el vaso de cristal, donde tú comienzas a diluirte junto con un par de descaradas lagrimas que comienzan a brotar sin mi permiso y aunque estrujo el vaso con fuerza suficiente para que se me desprendan las uñas de los dedos, este no se destruye. Tengo la mano dormida o más bien todo el cuerpo, pues no soy capaz de moverme, de alejarme de u...

Sencillo

Lo sé, soy un desastre para escribir seguido. Pero puedo asegurar que no ha sido falta de voluntad… sino simplemente me sucede que… no me vienen muchas palabras a la cabeza. Bueno, eso serpia una mentira, porque yo siempre tengo muchas palabras en la cabeza, pero a lo que me refería era a que sencillamente estos días no logro conectarlas para escribir mayor cosa. Estoy como en blanco. Ayer, fui a la casa de Daniel Suarez a tomar unos coctelitos y fregar un rato. Allí estaban el resto de sus amigos a quienes yo no conocía, la mayoría eran compañeros del colegio. El caso es que me divertí mucho. El grupito de amigos es muy bacano y creo que la razón por la que me divertí fue principalmente que allí todo era sencillo. Era fácil reír, hablar, bailar, hacer chistes, pararme, sentarme, todo... era fácil. Puede ser tonto, pero es que las cosas no tienden a ser sencillas para mi. La mayoría de veces todo se vuelve complicado o yo lo vuelvo complicado, no sé. El caso es que fue una buena noche ...

Efectos

Lo primero que empecé a sentir fue una extraña pero deliciosa presión en los oídos, como si alguien me apretara allí y me levantara del suelo. Yo era livianita, apenas caminaba porque podía flotar. Era invisible o transparente o hecha de mil huequitos y al aire me traspasaba. Luego, comencé a sentir que mis ojos eran pegajosos, estaban llenos de una sustancia tibia y aceitosa y cada vez que parpadeaba, esa sustancia me escurría lentamente por las mejillas. De repente me venían canciones viejísimas a la cabeza y un montón de ritmos que sonaban fantástico, podría haber compuesto una buena canción de haber tenido a la mano alguien que tocara un instrumento y me colaborara, o una grabadora yo que sé. Entonces fue la perdida de noción de tiempo. Cuando llegaba a un lugar no recordaba como había llegado allí y cuando finalmente lo hacía, no estaba segura si aquello había sucedido hacia una semana, dos meses o más. Era una locura, disociaba la realidad, veía la gente hablando y me daba la imp...