A Samuel




(Comenzado no me acuerdo cuando, terminado de redactar esta mañana en mi cabeza, mientras me despertaba.)

Bueno Samuel, bien cierto es que tú acabas de cumplir siete meses, pero no te engañes, nunca es tarde para darte una bienvenida al mundo. Yo sé en qué clase de frases clichés podría terminar este escrito, pero sinceramente no quiero caer en ellas, al mejor estilo presentación en PowerPoint con imágenes de Van Gogh al ritmo de música de ocarina, (Tal cual las que le gustan a mi mamá). ¿Sabes? es ridículo que uno necesite consejos sobre la vida, frases de bumpersticker, presentaciones de PowerPoint para decidir empezar a vivir la vida. No debería ser así. Los seres humanos somos tontos, olvidamos las cosas sencillas y bonitas, como la sensación que produce mirarte a los ojos mientras te ríes de quién-sabe-qué. Es feo que gracias a la muerte uno caiga en cuenta que sigue vivito, que tiene hambre, que le duele una muela y también es tonto que uno a los veinte años tenga que mandarse a hacer un reminder en la muñeca para vivir la vida. En fin, cada loco con su tema.
Tú ahora no lo sabes, pero en la misa de novenario de tu bisabuelo hiciste algo muy tierno. Cuando el sacerdote terminó la misa, preguntó si alguien quería decir unas palabras, a lo que todos nos quedamos en silencio y de repente tú, con tus recientemente descubiertas cuerdas vocales, exclamaste un ruidito incomprensible, pero lo suficientemente audible para que todos nos riéramos. Tú ahora no lo sabes, y cuando seas grande te lo vamos a contar y te vamos a dar las gracias por eso, por lo menos yo lo haré. Te voy a dar las gracias por dejarme mirarte y hacer que me preguntara cómo era posible que uno pudiera sentir tanta ternura con solo verte. Es eso de ser puro primer chakra, seguridad y tranquilidad. Te voy a dar las gracias por inspirarme a escribirte esto, al mismo tiempo que consideraba qué podría decirte yo de útil. Sí, porque sinceramente yo, en este momento no es que tenga muchos conocimientos útiles de la vida como para contarte.
Así que no me voy a extender, simplemente te voy a decir algo que puede que no me creas... pero si me lo crees te vas a ahorrar problemas. La vida no tiene sentido. Listo. Eso es. No, no lo tiene, así que no te devanes los sesos buscándoselo porque no vale la pena. Mejor dicho, te voy a explicar con una metáfora. Has de cuenta que te mandan a este mundo para construir una casita. La vida te ofrece todos los materiales que quieras, pero no te da plano ni manual de instrucciones. Mucha gente pasa la vida buscando ese manual para poder empezar a hacer algo. Resulta que no lo van a encontrar porque no existe. El universo quiere que tú construyas tu casa como quieras, que tomes lo que necesites para hacer una casa que te haga feliz. Bonita, funcional, grande, pequeña, sencilla o aparatosa, hazla como quieras. Hay gente que construye casas de fachadas bonitas pero arruinadas por dentro, hay gente que construye casas sencillas pero acogedoras y hay gente que construye mansiones a partir de escombros. No tengas miedo de derrumbar una pared si te das cuenta que no te sirve, equivocarse no tiene nada de malo. Lo importante es que TÚ hagas de esa casa la mejor posible para ti y que nunca dejes de construirla.
Como esto ya se me está volviendo muy PowerPoint mejor me detengo aquí y te digo que vivas la vida con todos sus altibajos y sus pendejadas. No te voy a decir que todo es un jardincito de rosas porque no lo es, y aunque muchos quisiéramos evitarte dolor, van a haber días jartos, días en los que vas a pensar que el mundo está patas arriba. Si quieres llorar, llora, grita, patalea, quéjate. Piensa que la vida no se reduce a un instante, se reduce a todos, a cada uno de ellos y a su suma. Y si algo te duele/gusta/molesta/hace feliz, eso importa, porque tú eres importante. Ríete Samuel, porque la vida a veces es un mal chiste y a veces uno muy bueno y siempre raya en lo incomprensible. Ríete, porque una sonrisa ilumina cualquier cosa, y una carcajada tiene la facultad de espantar todos los fantasmas,
De golpe.

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