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Mostrando entradas de 2016

Credo

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Yo creo. Me es vital creer en cosas que no puedo ver. En magia. Cualquiera, la de los caleidoscopios, la de las sincronicidades que se juntan para hacer que conozcas a alguien, la de los sabores que te explotan en la boca. La de los besos. Creo en el poder curativo de la música, en el poder constructor (y destructor) de las palabras. En lo necesario que es llorar, tanto como reír para saberse humano. En lo importante que es dar gracias todos los días y a cada minuto. En el poder de una sonrisa para desordenar o reordenar los pensamientos. Creo que cada persona que pasa por una vida la toca y la transforma. No siempre para bien, pero siempre para enseñar algo. En que ser verdadero es el mejor regalo que puedes hacerle a alguien. Creo en la ficción.                          En la de los libros, en la de las películas y en la que se me aparece a veces en una imagen. Creo que es vital para entender el mun...

No vas a recordarlo todo

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Se me han ido olvidado las cosas que sabía de ti. Se me han resbalado de la cabeza tantos datos que guardaba de ti, Arturo, que ya no estoy segura de si te conozco como solía hacerlo. No sé en qué parte del cerebro se van acumulando tantos detalles de la persona que uno ama cuando la ama. Es como si se creara un cajón con el nombre de esa persona y uno empezara a anotar ahí cosas como "El día que conoció el mar salió corriendo porque le dieron miedo las olas" o "jamás admitiría en voz alta que le gusta Bridget Jones". Ahí va todo. Desde cuántas cucharas de azúcar van en su café, hasta cuál es su hermano favorito, cuáles son sus pequeñas neurosis o en qué parte tiene esos lunares que solo unos cuántos conocen.  El cajón es útil, importante, vital. La información que guardas ahí es lo que hace que la tusa sea tan espantosa. Cualquier cosa puede provocar una relación elemental con uno de los datos que albergas del ser amado.  Años después, el cajón con t...

La diferencia entre hacer silencio y estar aburrido

Si tuviera 10.000 pesos por cada vez que alguien me ha dicho "¿Por qué estás tan callada? ¿estás aburrida?", ya tendría suficiente para comprarme un celular nuevo. Bueno, hay que anotar que esa pregunta normalmente sucede cuando estoy con desconocidos y mientras ellos charlan animadamente yo hago silencio, lo que a muchos les parece que es sinónimo de aburrimiento.  No sé por qué la gente premia tanto a la gente que habla y habla y habla. No me malinterpreten, a mí también me gusta hablar, pero creo sinceramente que la conversación es un arte determinado en gran parte por la capacidad de los hablantes para gestionar los temas y dosificar las palabras. Imagínense por un momento que uno se sentara a hablar con alguien y esa persona empezara a hablar de todo lo que se le ocurre sin siquiera pensar en su interlocutor. Qué pereza ¿no les parece? Bueno pues hay gente así, gente que es mala conversadora y se la pasa acaparando la conversación, gente que quiere intervenir todo e...

Veinticinco fenómenos del niño (porque acá no hay primaveras)

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El vértigo es abrumador. Todo el mundo me recuerda que 25 años son un cuarto de siglo, la mitad de cincuenta años. Me miro en el espejo y me pregunto a qué horas pasó tanto tiempo y cómo es que yo todavía no me siento como el adulto responsable y serio que creí que debía ser a esta edad cuando era niña. Escarbo en mi cabeza y compruebo que tengo demasiados recuerdos en ella. ¿Será por eso que con la edad uno empieza a olvidar las cosas? ¿porque simplemente no hay lugar para tanto? No sé, empezar a perder la memoria es algo que me abruma, porque sé que todos estamos hechos de las cosas que vivimos y sin la memoria sencillamente no podríamos evolucionar. Esa es otra discusión, pero está relacionada. Sí, el número es abrumador para mí. Quienes son mayores me miran con ternura y me recuerdan que aún me falta mucho por vivir, por aprender, que estoy en la flor de la vida. Yo no sé cómo sean las hojas o el tallo de la vida, así que no puedo refutar esa afirmación, pero compruebo que ...