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La dicha de haberse quedado

A la Alejandra de 20 años que no veía nada más: Sé que se siente como una lucha constante. Levantarse, sentir la misma desazón, el mismo fastidio, la misma tristeza agazapada por dentro todo el tiempo. "No se puede vivir así", escribiste un día y quisiera decirte que no tendrás que vivir así, que todo va a mejorar, que los neurotransmisores en tu cerebro se van a reconfigurar, que vas a encontrar tu tribu, que levantarte ya no te va a doler. Bueno, tampoco te voy a decir que no volverás a sentir dolor o tristeza inmensas, sabes bien que eso no existe. Pero te puedo asegurar que por cada día así, existirán muchos más de dicha inmensa, que te vas a reír hasta el tuétano, que te vas a enamorar no una, sino varias veces, que te van a romper el corazón, que vas a tener que indagar en el sótano de tu alma, aunque no quieras, que te vas a equivocar... todo eso va a pasar, pero te aseguro que haberte quedado va a valer toda la pena. Esto que sientes no eres tú, son las pastillas jugá...

Montañita

Aquí arriba en la montaña el aire huele a fresco, a pino; es aire limpio, casi demasiado. Cuando vienes de la ciudad el aire puro te parece raro, no te acostumbras a tanto oxígeno. Aquí arriba se pueden ver las estrellas en un día cualquiera. Ahora mismo, en octubre, hace fresco durante el día y de noche hace frío  agradable, sutil, no de morirse. He venido en invierno, en verano, en otoño y en primavera. He venido muchas veces y sigo viniendo cada que la fortuna me lo permite. No todo es perfecto, claro, semejante cosa no existe, pero aquí arriba encontré personas que me arropan con su cariño y me invitan a su mesa. Aquí arriba hay paz, pero no porque no quepa el dolor o la humanidad, sino porque hay cierto silencio, el silencio de la naturaleza, el rumor de los árboles, un olor que ya me es familiar, a comida que se está horneando.  Aquí arriba no me duele nada, pero no porque este lugar tenga la facultad de desaparecer los dolores, sino porque abajo, en la ciudad, tampoco m...

No types, just this.

Isabella was certain about two things: one, that he absolutely wasn’t the type she’d go for, and two, that she couldn’t remember the last time someone’s eyes had made her stomach flip the way his did. There was also something about the way he spoke—transparent, calm, trustworthy—like he could read her mind but chose not to. Every word they exchanged that night was a little drug. She wanted more. It felt easy; her mind found words like she had known the answers to these questions her entire life. One hour passed, then another; time became slippery, oily, stretching and folding in on itself. By the time they wandered into the night, she felt drunk without being drunk. A buzzing, a humming, a throbbing . She stopped. Looked at him. She reached out like she wasn’t even thinking, fingertips trailing his skin, down his jaw, tracing every bit like she could carve him into memory—slowly, softly but surely. He smelled like he came from the ocean or a dream, like he had nowhere to be except here...

Posibilidades

Era posible deshacer el universo, enhebrar palabras como si de hilos se tratase, construir lo inefable. Era posible encender todos los misterios, fabricar territorios en cada hueco, cicatrizar los traumas, reinventar los colores, modificar la luz entera, viajar en un beso, iluminar cada grieta, cantar melodías imposibles, inventar la suerte, hacer temblar la rabia, bifurcar el miedo, enredar la verguenza, confundir la ambigüedad, ensordecer el olvido, desordenar las matemáticas, profesar locuras, soplar mariposas, desmentir la historia, calcinar el tiempo, morir y saberse vivo. Todo era posible cuando tú sonreías.

Querido patriarcado

Querido patriarcado: Estoy cansada de que me hagas mirarme al espejo y ver algo que no es suficiente. Que me hagas pensar que no soy lo suficientemente buena, guapa, exitosa, delgada, capaz, talentosa o divertida. Estoy cansada de dejar que me llenes la cabeza con tus criticas violentas de que soy patética, mala, fea, ruidosa y que nada de lo que haga va a valer nunca la pena. Te he permitido llevarme a los lugares más autodestructivos durante años. Te he permitido plantar toda una serie de creencias limitantes sobre mi cuerpo, mi placer y mi vida que han dictaminado cómo experimento el mundo y cómo me relaciono con otros. He dejado que me arruines cosas que me gustan como la comida o el sexo porque según tú, es un horror que una mujer ocupe más espacio físico, verbal, laboral o existencial del que a ti te parece. Te he permitido hacer que odie mi propia carne porque supera unas tallas y unas medidas imposibles que tú inventaste y que sigues gritandole a todas las mujeres del mundo a t...

Gozo

 Tengo muy claros los lugares en los que he sentido paz y he sido consciente de ella. Encima de una colina, en Villa de Leyva, acostada en un sofá de Madrid una tarde de verano de 2017 porque afuera hacía calor y yo acababa de despertar de una siesta, en el abrazo reconforante de mi madre, en una terraza de Atenas cuando por fin había dejado de dolerme el corazón. Cada vez que me he reído con ganas y se me ha olvidado algo que me tenía ansiosa.  Allí donde hay gozo, hay paz.

Alive

Como el primer mordisco de la manzana Como la caída de una montaña rusa Como gritar con todo tu ser Como dar mil vueltas hasta marearse Como reírte mientras hablas Hasta el dolor de estómago Como venirse y explotar por dentro Como cantar a todo pulmón tu parte favorita de la canción Como darle por fin un beso después de pensarlo durante horas Como ese dulce vacío de estar tranquilo Una y otra vez Como morder lychees llenos de jugo Como cuando esa persona te sonríe y se te olvida tu propio nombre Como recorrer la ciudad en moto Así se siente estar viva Esa sensación de debaratarse y volver a unirse en un instante Aunque no volviera a sentir todo eso otra vez Ya estuve viva una vez Y reviví otras mil.