Del entonces, del ahora.
Creo que estar así de deprimido es lo peor que se puede sentir. Bueno, por lo menos es lo peor que he sentido yo. Era como sentir un hueco en el alma, pero también en el cuerpo. Yo decía que me dolía "entre la tercera costilla y el alma". Era un dolor permanente, un vacío insoportable que causaba un vertigo tremendo, una sensación de necesitar tenerse de una pared, de "puta, se me van a ir las luces", de una angustia informe, de anhedonia, de tristeza, de debilidad en los huesos, de ganas de dormir y no despertarse, de ganas de morirse, de ganas de nada. Mejor dicho, una mierda. Creo que eso nunca se me va a olvidar. Jamás. Aún a veces me llega esa imagen o el eco de esa voz que decía que para qué me paraba de la cama, que para qué me movía, que era un desastre, que no sé qué. El ejercicio consiste en escribir un discurso sobre uno mismo como si hubiéramos muerto. Y debo admitir, que no me seduce la idea, aunque tal vez hace unos meses me habría encantado. Ha...