Sober
* Tres meses. Contrario a todos los pronósticos, pasan tres meses. Aún con el peso de un dolor imposible en lugares innombrables, con la sensación constante de que no vas a ser capaz de sobrevivir con el corazón roto, con la resistencia de un drogadicto que no puede pasar más días sin su veneno, sobrevives, te resistes. Y le pides a Buda, a Alá, a McDonalds, al que sea, que te dé fuerza para sobrevivir a lo que te queda, para no volver a caer en la tentación de hacerte daño buscando la sustancia que tanto te gustaba. Pasas a ser un drogadicto que no se droga, que está limpio, que no tiene una gota de veneno en la sangre, pero en tu cabeza aún sigue el recuerdo de la sensación y una vocecilla que te pregunta si la extrañas. Esa sensación de estar en la cima del mundo, enamorada, atontada, anestesiada. Y tres días después, luchando, sabiendo que no podías, que te desgastaba. Que el subidón era demasiado bueno para ser cierto. Nadie te enseña cómo dejar ir a alguien que amas. ...