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Mostrando entradas de septiembre, 2010

La mayoría del tiempo...

Fue el día de uno de esos berrinches tuyos. Esos con los que hay que tenerte el triple de paciencia que de costumbre y que ni tú misma te aguantas. Ese día todo te estaba saliendo patas arribas y para colmo, un carro pasó por un charquito cerca tuyo y mejor dicho, que escena la que armas en plena calle. Íbamos para la casa, yo callado asintiendo a todo lo que decías y tú despotricando del mundo entero, alzando puños al cielo, queriendo reventarlos a todos, haciendo de cuenta que yo no estaba ahí para consolarte. Se te había corrido el maquillaje de tanto llorar y ahora, te escurrían lagrimas negras por las mejillas, tenías los ojos hinchados y la nariz roja cual Rodolfo el Reno; siempre odiaba verte llorar, pero esa naricita roja le traía un poco de gracia a mi vida cada vez que aparecía. Como siempre malo si sí, malo si no, callé demasiado tiempo y tú resolviste hartarte de mis silencios. -Bueno ¿y es que no vas a decir nada? me dijiste parándote en seco, -Hermosa ¿qué quieres que te ...

I will rise now

Alejandra... magica diosa insoportable a ratos... todo al tiempo, todo en la misma medida. A punto de enloquecer todos los santos dias al despertar, de tanto buscar razones para no entregarse al más completo delirio... luchando silenciosamente con la gravedad y en las noches comunicarle que le ha ganado. Los suspiros más largos redactados en su garganta, en sus poderosos pulmones, en esa sonrisa que salía chueca en todas las fotos de niña. Busco... sigo buscando las palabras precisas, justas, suficientes, las palabras que puedan decir algo sobre mí, que no me encajen tan solo en conceptos, que me hagan justicia. Porque no es facil, porque se me pierde el maldito equilibrio, palabra cuasi desaparecida de mi diccionario. 

Quería decirme

Hágame un favor. Vaya y dígale que venga él mismo y me lo diga. Que no me mande mensajeros, que deje la pendejada. Que el mínimo de respeto que me merezco es que me diga las cosas en la cara. Pero claro, qué puedo esperar yo, si después de todo era un maldito cobarde. Le faltaron todos los cojones del mundo para pararse al frente y defenderme, decir que me amaba. Pero no podía. Es que se cagaba en los pantalones cada que yo le hacía el reclamo. Me sacaba las excusas más pendejas de este mundo, lo típico, que eran cuentos míos, que no sé que, pero yo sabía... Yo sabía que yo tenía razón, que lo suyo era puro y físico culillo. No hombre ¿y que ahora me mande a decir estas cosas con usted? esto si que es la tapa. Otra vez, ¿cómo es? ¿Que fue un cabrón de mierda? sí claro, que me diga algo que yo no sepa. ¿Que me merezco algo mejor? ¡descubrió el agua tibia! pues claro que me merezco algo mejor. Y lo último ¿cómo es? ¿Pero que siempre me seguirá amando a pesar de todo? Que venga el mismo ...

En un rincón de un bus un monito me hizo reir

Lo primero que pensé fue que debía ser un loco, un enfermo mental con oscuros y perturbados deseos de arrastrarme del cabello por toda la calle. Lo siento, siempre he tenido esa maña de armarme videos por pendejadas, de inventarme películas bien retorcidas en la cabeza, es culpa de Hollywood. Me había tocado sentarme al lado de este tipo, cuya cara estaba cubierta por un saco y me seguía imaginando cosas. Tal vez, con mi poderosa imaginación, habría preferido sentarme en otro lado, pero ni modo, este era el ultimo puesto disponible del bus y era eso o ir apretujada entre la gente que iba de pie. Rápidamente concluí que de querer hacerme daño, ya lo habría hecho, es decir, habían pasado más de 30 minutos y el individuo no se había inmutado. Dejé de armar historias locas y comencé a preguntarme por como sería su cara. Dirigí la mirada a su jean, que estaba un poco sucio y a su maleta un poco maltrecha. Debe ser un estudiante, me dije. Tiene el cabello negro, los ojos oscuros... y no me ...