La mayoría del tiempo...
Fue el día de uno de esos berrinches tuyos. Esos con los que hay que tenerte el triple de paciencia que de costumbre y que ni tú misma te aguantas. Ese día todo te estaba saliendo patas arribas y para colmo, un carro pasó por un charquito cerca tuyo y mejor dicho, que escena la que armas en plena calle. Íbamos para la casa, yo callado asintiendo a todo lo que decías y tú despotricando del mundo entero, alzando puños al cielo, queriendo reventarlos a todos, haciendo de cuenta que yo no estaba ahí para consolarte. Se te había corrido el maquillaje de tanto llorar y ahora, te escurrían lagrimas negras por las mejillas, tenías los ojos hinchados y la nariz roja cual Rodolfo el Reno; siempre odiaba verte llorar, pero esa naricita roja le traía un poco de gracia a mi vida cada vez que aparecía. Como siempre malo si sí, malo si no, callé demasiado tiempo y tú resolviste hartarte de mis silencios. -Bueno ¿y es que no vas a decir nada? me dijiste parándote en seco, -Hermosa ¿qué quieres que te ...