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Mostrando entradas de 2020

Parece que he vivido

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  He visto edificios tan antiguos como Santa Sofía y tan altos como la Catedral de Colonia. He visto atardeceres maravillosos en el Mediterráneo y en el corazón del Amazonas. He visto insectos y peces que no parecen de este mundo. He escuchado idiomas que suenan como susurros entre los dientes y otros que parecen regaños aunque digan palabras de dulzura. He escuchado “te quiero” y también “ya no te quiero”. He visto a la gente besarse con ganas y también gritarse. Yo también he gritado. De rabia, de impotencia. He visto tristeza, dolor, hambre. He sentido el vacío que deja la muerte de un ser querido. He visto películas de lugares a los que tal vez no viajaré, sobre personajes remotos en situaciones imposibles. He escuchado al fadista cantar con melancolía en Portugal y he probado el amargor de la cerveza en una cueva de Praga. He recorrido sola calles extranjeras en madrugadas heladas con un par de vinos en la cabeza. He sentido el tiempo hacerse infinito entre los brazos del homb...

Caminante

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Me sentía como una penitente que insistía en caminar como forma de expiar algún pecado. No era culpable de nada, pero cada vez que la rodilla comenzaba a doler, insistía en caminar como si en el intento pudiera cancelar ese dolor y demostrarle al universo que no me dolía nada y que seguiría caminando siempre. Durante ese año que pasé en Europa ese fue casi un precepto: cuanto más largo se viera el camino, más me empeñaba en seguirlo. Estaba de viaje sola al otro lado del mundo; caminar era la forma perfecta de vivir esa experiencia. O hubiera sido perfecta si la rodilla no llevara casi un año doliendo cada vez que ponía una pierna enfrente de la otra.  Cuando llegué a Toledo, un sábado gris de noviembre, el dueño del hostal me dijo que la mejor vista de la ciudad estaba al otro lado del río. Dijo que me tomaría una hora y media atravesar el puente, caminar por la carretera hasta el punto donde podría tomar una foto digna de postal y luego devolverme por otro puente que estaba m...

Bitácora saturnina III: La pandemia

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No se me ocurre nada más saturnino -si tenemos en cuenta que Saturno es, entre otras cosas, el planeta de la restricción- que poner a todo el mundo en cuarentena. Las lecciones saturninas son varias. La primera y tal vez la más obvia es la restricción de la libertad de movilidad. Saturno, contrario a Júpiter que viaja y se mueve de forma expansiva, es un planeta de "quietud", o dicho mejor, de "permanencia". La permanencia, claro está, no tiene que ser algo malo. Pero para una sociedad acostumbrada al movimiento, a la velocidad y la inmediatez la permanencia ha resultado ser un reto. A mí, al principio me costó un poco también, aún con lo mucho que me gusta estar en casa. Empecé motivada a no dejarme vencer por la quietud y me dediqué a hacer mucho ejercicio para sentirme "móvil". Luego me di cuenta de que esa no era la mejor opción para mí y que tal vez debía hacer caso a esos consejos que empezaron a circular en redes sociales acerca de cómo n...

Bitácora saturnina II: la temida adultez

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Me daba pereza la adultez. Me sonaba a algo muy aburrido y limitante. Me sonaba a una jaula que convierte a las personas en seres que actúan por pura inercia, seres que no sueñan o no tienen ganas de hacerlo. Seres grises inmersos en una rutina que los lleva a todos exactamente por los mismos hitos: casarse, tener hijos, trabajar 30 años en una empresa, pensionarse. Gente que tiene que saber el orden de las cosas, que sabe exactamente qué quiere de la vida además de dónde y cómo hacer todo tipo de diligencias económicas, legales y burocráticas, y que además se ve obligada a desperdiciar buena parte de su tiempo en ejecutar esas diligencias. Gente sin emoción, gente ordinaria, repetitiva. Gente hecha en masa en una fábrica. Por supuesto, yo nunca he querido ser ese tipo de persona. ¿Quién querría algo así? Pero ahora que me asomo a ese lugar o momento llamado "adultez", me doy cuenta de que en realidad, no es tan grave. Hay cosas aburridas, sí, no nos vamos a engañar. La...

Bitácora del retorno de Saturno parte I

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Mientras Júpiter es el padre expansivo que cada diciembre llega a armar fiestas y comilonas, Saturno es el padre que llega en enero (rige Capricornio) a decir que ya estuvo bueno de excesos y que es momento de coger juicio, limpiar los desordenes de las fiestas y hacer dieta. Del mismo modo, Júpiter es el padre generoso que cada doce años viene a darte fortuna, abundancia y bendiciones (por ponerlo de forma plana), mientras Saturno es el padre estricto que llega cada 29 años y medio a decirte que si quieres algo, vas a tener que ganártelo con esfuerzo y constancia. En círculos no astrológicos, el primer retorno de Saturno corresponde a la "crisis de los 30" y se asocia, incluso, con el "club de los 27", pues resulta un periodo fundamental en la construcción del plan de vida de cada uno: es un momento en el que las personas comienzan a plantearse temas que tienen implicaciones en el largo plazo: sentar cabeza, casarse o no, tener hijos, establecer o cambiar un...