Bitácora saturnina II: la temida adultez
Me daba pereza la adultez. Me sonaba a algo muy aburrido y limitante. Me sonaba a una jaula que convierte a las personas en seres que actúan por pura inercia, seres que no sueñan o no tienen ganas de hacerlo. Seres grises inmersos en una rutina que los lleva a todos exactamente por los mismos hitos: casarse, tener hijos, trabajar 30 años en una empresa, pensionarse. Gente que tiene que saber el orden de las cosas, que sabe exactamente qué quiere de la vida además de dónde y cómo hacer todo tipo de diligencias económicas, legales y burocráticas, y que además se ve obligada a desperdiciar buena parte de su tiempo en ejecutar esas diligencias. Gente sin emoción, gente ordinaria, repetitiva. Gente hecha en masa en una fábrica. Por supuesto, yo nunca he querido ser ese tipo de persona. ¿Quién querría algo así? Pero ahora que me asomo a ese lugar o momento llamado "adultez", me doy cuenta de que en realidad, no es tan grave. Hay cosas aburridas, sí, no nos vamos a engañar. La...