Parece que he vivido


 

He visto edificios tan antiguos como Santa Sofía y tan altos como la Catedral de Colonia. He visto atardeceres maravillosos en el Mediterráneo y en el corazón del Amazonas. He visto insectos y peces que no parecen de este mundo. He escuchado idiomas que suenan como susurros entre los dientes y otros que parecen regaños aunque digan palabras de dulzura. He escuchado “te quiero” y también “ya no te quiero”. He visto a la gente besarse con ganas y también gritarse. Yo también he gritado. De rabia, de impotencia. He visto tristeza, dolor, hambre. He sentido el vacío que deja la muerte de un ser querido. He visto películas de lugares a los que tal vez no viajaré, sobre personajes remotos en situaciones imposibles. He escuchado al fadista cantar con melancolía en Portugal y he probado el amargor de la cerveza en una cueva de Praga. He recorrido sola calles extranjeras en madrugadas heladas con un par de vinos en la cabeza. He sentido el tiempo hacerse infinito entre los brazos del hombre que amo. He cantado a grito herido canciones de plancha, vallenatos y rancheras y he bailado hasta que me duelan los pies. He dormido en aeropuertos, en sofás ajenos, en el mar. He concluido que el mundo es cada vez más grande y que haber visto tantas cosas es una fortuna que pocos tenemos. He amado la vida y también he renegado de ella. He visto cielos azules, grises, naranjas, plomizos y violetas y he visto las hojas de los árboles volverse rojas y luego caerse de golpe bajo la lluvia. He amasado la harina con mis propias manos y he visto la alquimia del fuego convertirla en arepas. Me he hecho moretones que se han desvanecido y cicatrices que llevaré por siempre a donde vaya. He visto mi propia sangre escarlata brotar de pequeñas heridas y he confirmado así que estoy hecha de moléculas vivas y mortales. He sido blanco de actos mezquinos, aunque no tantos como las dichas que han poblado mi existencia. He caminado, he caminado mucho. He leído frases que me han desbaratado el raciocinio y he pronunciado palabras sonoras como “impertérrito” o tan colombianas como “merequetengue”. Le he preguntado al Universo por los misteriosos azares que nos configuran y he entendido en el silencio que no me está dado entenderlo. 

Podría ser poco, pero parece mucho cuando lo nombro. He vivido. Me he roto. He recogido mis pedacitos y he conocido gente que me remienda los descocidos. Gracias a ellos, gracias a la vida por esto y por lo que me falta por ver, caminar, amar.

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