Bitácora saturnina III: La pandemia
No se me ocurre nada más saturnino -si tenemos en cuenta que Saturno es, entre otras cosas, el planeta de la restricción- que poner a todo el mundo en cuarentena.
Las lecciones saturninas son varias. La primera y tal vez la más obvia es la restricción de la libertad de movilidad. Saturno, contrario a Júpiter que viaja y se mueve de forma expansiva, es un planeta de "quietud", o dicho mejor, de "permanencia".
La permanencia, claro está, no tiene que ser algo malo. Pero para una sociedad acostumbrada al movimiento, a la velocidad y la inmediatez la permanencia ha resultado ser un reto. A mí, al principio me costó un poco también, aún con lo mucho que me gusta estar en casa. Empecé motivada a no dejarme vencer por la quietud y me dediqué a hacer mucho ejercicio para sentirme "móvil". Luego me di cuenta de que esa no era la mejor opción para mí y que tal vez debía hacer caso a esos consejos que empezaron a circular en redes sociales acerca de cómo no todo en medio de una PANDEMIA tiene que ser productivo. Que hay días de ansiedad, de no querer hacer nada y que eso está bien. Que esta sociedad tiene un problema muy grande con la idea de que "el tiempo es oro" y como tal, el tiempo que se "pierda", es dinero/éxito perdido.
Esto va ligado a una reflexión más profunda y más grande sobre nuestro sistema capitalista: ese sistema de la sobreproducción, del gasto y el DERROCHE beneficia a unos pocos y deja en las peores condiciones al grueso de la humanidad y evidentemente, también a la naturaleza.
La cuarentena está hundiendo las economías del mundo que dependen de este sistema, ha causado desempleo y por ende, causará más pobreza y más hambre. Pero a los que llevan las riendas del mundo les preocupa más la disminución de sus preciadas arcas de oro que sentarse a pensar en lo podrido que está el sistema cuando deja en la calle al que mueve la manivela de sus compañías.
Aprender a restringir ese gasto, ese derroche y ese sistema capitalista podría ser la lección saturnina más grande de todo esto. Y sin embargo, es probable que cuando todo pase el sistema vuelva a ser igual, aunque la gente, sospecho, tardará en perder el miedo y la paranoia, lo que implicará que el sistema no se recompondrá en un mes.
La verdadera pregunta recae entonces en nosotros: ¿qué va a cambiar en nosotros? ¿nos va a dejar indiferentes esta experiencia de cara al futuro? ¿nos va a unir para buscar cambios sustanciales a gran escala? ¿o se convertirá esta en una anécdota más llena de historias en instagram, sesiones de ejercicio en casa y retos en Tik Tok?
Se habla mucho de que esto partirá la historia. Pero si esto no nos "parte" a nosotros como humanidad, si esto no nos hace más compasivos, más conscientes y más generosos con el otro, ESTAMOS JODIDOS. (Y perdón por la mayúscula sostenida, pero ajá.)
Aún es muy pronto para conocer el impacto a largo plazo de esto. Así que por lo pronto el futuro es una categoría gramatical que no existe en mi cabeza. Trato de vivir el día a día. Las metas para este año están, por lo pronto "suspendidas". Saturno nos dejó en suspenso. Nos cortó la carrera; cambió todos los planes del mundo y logró lo imposible: dejar las calles vacías y en silencio por unas semanas.
Mientras tanto, a costa de nuestra crisis económica y de la vida y el empleo de muchas personas, la naturaleza se limpia, se renueva. Algunos tienen la oportunidad de pasar más tiempo con sus seres queridos. Todos tenemos algo que reflexionar. Vamos a ver dónde nos deja este río revuelto que puso todo de cabeza, ojalá, para enseñarnos algo.

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