The wonder that's keeping the stars apart.

Muchas veces los mejores planes surgen precisamente cuando uno no los planea. Como por ejemplo el sábado pasado, que no prometía mucho gracias a mi estado de ánimo sin muchas ganas de hacer un reverendo trasero. Como el domingo cumplía mi abuela, mi familia materna decidió organizar una "tamaleada" en la casita de San Francisco. Total que como mi mamá también tenía pereza del viaje porque en vista de la ausencia de carro nos tocaba irnos en flota, llegamos a SF casi a las 4:30 pm.
Ese día, como cosa muy rara en esa zona, hizo sol. En realidad hizo MUCHO sol, el cielo estaba despejado y todos andábamos por la casa quejándonos del calor. Afuera estaban cocinando los tamales en una hoguera y adentro, algunos hacían visita, algunos jugaban con Samuel (estaba hermoso!) y algunos veían televisión. Luego comimos tamales, estaban muy ricos.
Por la noche hicimos pinchos en la fogata y luego asamos masmelos. Luego tomamos canelazo y jugamos mímica.
Como el cielo estaba despejado, la noche se veía hermosa. Gracias a la falta de luces y de polución, la noche estaba adornada por la luna llena y varias estrellas. Hacia un poco de frío, pero cerca de la hoguera y por el canelazo logramos calentarnos.
Casi a la 1 de la mañana nos fuimos a dormir. Yo me quedé en una carpa con mi tío y su esposa y mis primos se quedaron en la otra carpa. Cuando me acosté podía escucharlos reírse no sé de qué y quejarse de lo fría que estaba la colchoneta. Sonreí, pensé que quería mucho a mi familia y que me alegraba haber ido ese día y haber comido como cerdo. Había pasado muy bien.
En medio de mi sueño me despertaron las ganas de ir al baño... digamos que a eso de las 3 de la mañana. No sé que hora era porque no se veía nada, así que no pude mirar mi reloj para comprobarlo. Cuando salí de la carpa comprobé que en efecto, la falta de luz se debía en parte a la ausencia de luna, alcé la cabeza para mirar al cielo.
Y entonces el Ki universal hizo el truco de magia más increíble que yo haya visto en mi vida. El cielo negro, estaba adornado de una cantidad ridícula de estrellitas, pegadas como diamantes, centellando lejos de la gran ciudad. De verdad, NUNCA había visto tantas estrellas juntas. Fui tan feliz en ese instante, que gustosa habría despertado a todo el mundo para que viera ese espectáculo. En cambio me quedé allí parada, inmóvil, feliz, disfrutando.
Cierro los ojos y veo la imagen perfecta, del truco de magia que presencié en primera fila.
Gracias por eso.

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