La mujer que se amaba a sí misma

En noches como esa dejaba la luz a medias, se miraba al espejo y se desnudaba lentamente. Sonaba heavy metal lover y se le erizaba la piel. Se despeinaba y se contemplaba en el espejo. "Soy hermosa" se decía en un suspiro, cerraba los ojos y se metía debajo de las cobijas, así, desnudita, feliz porque el espejo le había confirmado aquella sentencia. Era hermosa, era sensual, estaba buena.
Pero esa noche al mirarse al espejo no se sintió así. No había cambiado nada, seguía siendo ella, hermosa, delicada, la piel erizada, la boca de whiskey, pero algo no encajaba. Giró la cabeza un poco y se dio cuenta que estaba difuminada. En realidad no sabía quien estaba parada al otro lado del espejo, por qué no se sentía igual de hermosa, qué era lo que los otros veían. Le dio miedo.
Había una mujer hermosa y sensual mirándola fijamente. Una mujer que daba miedo por tanta seguridad, que sabía bien lo que quería y que de hecho lo quería todo. "Would you love me if I ruled the world?" cantaba. Era el reflejo de una mujer que exudaba pasión, una mujer que no conocía, porque ella nunca se había sentido así, tan dueña del mundo o de su propio cuerpo. Envidió a su propio reflejo, envidió la confianza y la sensualidad que tenía, porque se dio cuenta que no eran de ella.
Entonces el reflejo se trastornó en una mueca macabra y con las uñas, comenzó a arrancarse pedazos de piel mientras sonreía de placer. "No!" gritó, pero el reflejo seguía allí, arrancándose la piel placenteramente. "Esto es lo que tu quieres, ser perfecta y ser la envidia de todo el mundo". Y aunque se autodestruía, el reflejo seguía siendo sensual, enfermizamente hermoso, casi adictivo.
"Cállate, cállate, cállate" cerró los ojos con fuerza y se tapó los oídos con las manos. Ese reflejo era espantoso, era perfecto, pero era espantoso, era delicioso, pero escabroso.
Cuando ya no escuchó nada más abrió los ojos y miró con precaución el reflejo otra vez. Era ella, con la piel intacta, la mujer hermosa que no quería ser perfecta, que solo quería ser buena, que solo quería ser ella misma, con sus miedos y sus deseos intactos. La mujer que se amaba a sí misma.
Delante de ella había una mujer que quería ser buena. Que tenía miedo, pero que quería intentarlo. Acercó la cara un poco. "¿buena para qué?". Para lo que sea, para esto, para todo. Buena, muy buena, buenísima, pero no perfecta. Porque perfecta no existía, perfecta era un fantasma.

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