En un rincón de un bus un monito me hizo reir

Lo primero que pensé fue que debía ser un loco, un enfermo mental con oscuros y perturbados deseos de arrastrarme del cabello por toda la calle. Lo siento, siempre he tenido esa maña de armarme videos por pendejadas, de inventarme películas bien retorcidas en la cabeza, es culpa de Hollywood. Me había tocado sentarme al lado de este tipo, cuya cara estaba cubierta por un saco y me seguía imaginando cosas. Tal vez, con mi poderosa imaginación, habría preferido sentarme en otro lado, pero ni modo, este era el ultimo puesto disponible del bus y era eso o ir apretujada entre la gente que iba de pie. Rápidamente concluí que de querer hacerme daño, ya lo habría hecho, es decir, habían pasado más de 30 minutos y el individuo no se había inmutado.
Dejé de armar historias locas y comencé a preguntarme por como sería su cara. Dirigí la mirada a su jean, que estaba un poco sucio y a su maleta un poco maltrecha. Debe ser un estudiante, me dije. Tiene el cabello negro, los ojos oscuros... y no me refería al color, tenía los ojos oscuros, como esos ojos que no puedes leer y como que te asustan. Era muy difícil zafarme de mi idea de que el tipo tenía algo malo o raro o maluco o lo que fuera. De repente, el sujeto se dignó despertarse y pensé que debía estar realmente profundo. Mierda, yo no podría dormirme en un bus ni aunque me garantizaran que nadie me haría daño.
Resulta que me había equivocado completamente. Era monito, de esos monitos que son más bien castaños claro pero que sin embargo uno dice "es monito", cosa que nunca comprendido. El caso, era monito y de ojos bonitos... como verdes oscuros, como miel, como picaros, pero bonitos. No tenía pinta de gañan, o de ladrón o de loco enfermo mental con oscuros y perturbados deseos de arrastrarme del cabello por toda la calle. Debía de ir realmente dormido, porque se demoró bastante en desperezarse y en reconocer donde estaba. En un momento hizo una cara de perdido, que me hizo llegar a la conclusión de que este tipo no era de acá. Si me pregunta, no tengo ninguna problema en orientarlo pensé.
Crap, realmente me parecía lindo este hombre. Comencé a tararear una canción que tenía pegada desde por la mañana y lo bueno era que no me la sabia bien. Entonces, me di cuenta que me estaba mirando de reojo y cuando yo lo miraba de reojo, el miraba por la ventana. Me ericé y me sentí como una completa idiota. Calma Luciana, mujer ni que fuera el primer hombre lindo que te encuentras. Me pasé la mano por la frente y comencé a reírme. Dios, debía verme con una reverenda idiota, pero me pasaba con los escalofríos. Me daba risa la idiotez de mis instintos. Porque siempre he sido una persona muy racional, nada que hacer y todo lo que me sucede tiene que pasar por el más exhaustivo proceso de racionalización. Incluidos los escalofríos generados por la presencia de un hombre bello a mi lado. Y encima me reía por la situación, porque bien había podido suceder esto en otro lado, pero no, tenía que haber sido en un bus repleto de gente en plena hora pico bogotana de un lunes bien raro.
En estas se subió un cuentero al bus y empezó a contar chistes bien malos. El cuentero hacía preguntas a la gente del bus, a las que nadie, excepto el tipo lindo respondía: "-Buenas noches! ¿Como están hoy? -Dormidos!" y claro, yo me reía porque estaba boba y erizada y porque al responder, me miraba a mi y yo... yo no sabía a donde mirar. Si mis amigas me hubieran visto en este momento no lo habrían podido creer. Luciana la intocable, imperturbable y -en apariencia- insensible, estaba como boba por un completo desconocido. Pero no me importaba. Porque yo ahí estaba sola, y no tenía que fingir nada porque allí nadie me conocía y de cualquier manera, lo más probable es que yo jamás lo volviera a ver, ¿cierto?
Me di cuenta que estaba roja, del calor del bus, de mi chaqueta blanca que aumentaba el grosor de mi brazo en unos 5 centímetros y de tanto reírme claro. Al tipo le sonó el celular y se puso a hablar. Su acento era normal, pero algo no me acaba de convencer que fuera de la capital. Al colgar me preguntó por la moraleja de la historia, a la que yo por supuesto, no había prestado la más absoluta atención. Y entonces me miró a los ojos y ahí si que me ericé como el triple de lo que antes. Así que me sentí el triple de boba que antes y tuve que taparme la cara entre el cabello y mi mano para ocultar mi risa.
Llegó el momento de bajarme del bus y en realidad, aunque me fastidiaba de sobremanera estar en un bus en plena hora pico, sentí que no me quería bajar. Que prefería quedarme ahí jugando a las miraditas con el monito lindo de mi lado. Pero ni modo. No sabía si debía decir algo o despedirme, pero pensé que era mejor no hacerlo. Así que me paré y me acerqué a la puerta rápidamente sin mirar para atrás. Porque sabía que si lo hacía lo iba a extrañar y eso me iba a molestar. Y me bajé, con mis escalofríos en la mano y la sonrisa boba pegada a la boca. Había sido una historia pendeja, sin moraleja alguna, pero divertida... y me fui pensando que podría inspirar una buena película... Sobre un monito lindo y una pelinegra boba que se conocen en un bus...

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