Good enough
Entonces lo miraste a los ojos y supiste que estabas en problemas. Supiste que podrías quedarte durante mucho tiempo mirándolo así, aunque no pasara nada más, aunque no hubieran más palabras. Temblabas, y no precisamente de angustia o de miedo, sino de emoción, de nervios, porque sabías que querías sentirte suficiente, porque sabías que en ese momento lo eras y eras capaz de curarte de todos tus temores, enterrar cada expectativa que te minimizaba, dejar todo el pasado en el pasado. Estabas lista para quererte más, para luchar por ti misma y por todas las cosas que querías, incluyéndolo a él. Estabas dispuesta a no volver a tener una relación abusiva jamás, ni con otra persona ni contigo misma, a no permitir que te hicieran daño, a sonreír cada vez que estuvieras en ese mismo lugar, a pintarte corazoncitos en el cuerpo y soñar con todas las cosas a las que habías renunciado porque te habían dicho que no era posible. Dejarías de escuchar sus comentarios, sus imposiciones y sus estereotipos e ibas a ser. Dejarías de medirte bajo la misma regla que se habían inventado hacía siglos para medir a todo el mundo por igual para saltar a celebrar la diferencia, la tuya y la de los demás. Sonreíste porque sabías que todo eso era mucho por asumir en un instante, que era un camino largo pero posible y tenías gente que te iba a ayudar a lograrlo. Entonces te sentiste agradecida por todas las cosas maravillosas que tenías y que te gustaban del mundo: los días azules, las palabras sonoras, las galletas, reírte hasta el dolor de estomago, empacar regalos, los zapatos (aunque no los compraras), la gente que inspira, tu casa, dormir profundamente, leer y escribir cosas verdaderas, la música (la que se baila, la que se canta y la que se admira), los esmaltes de colores, el helado de chesecake de limón, viajar. Tus amigos y sus locuras, tu familia y sus otras locuras. Supiste que no necesitabas convertirte en nada más porque tú ya eras lo que necesitabas ser, solo necesitabas creer eso y dejar de buscar excusas para sabotearte.
Prometiste cuidar de ti misma y ser consciente de que eras importante, rodearte de cosas buenas y lindas y ayudar a que otros reconocieran la belleza en sí mismos. Prometiste creer en ti misma todos los días de tu vida sin importar qué dijeran los demás. Prometiste ser sincera y ser positiva y ver siempre lo bueno de cada cosa y de cada persona. Prometiste que cada vez que tuvieras miedo o estuvieras triste leerías esto o alguna otra cosa que te inspirara y honrarías esta promesa.
Entonces miraste a los ojos a tu reflejo y supiste que ahora creías en eso que te habían dicho "tú naciste para grandes cosas", sabías que ahora te querías un poco más.
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