Sixteen
Tengo 16 años. Estoy llorando en mi cama dándole replay a una canción que me acuerda de alguien que no me quiere. Me siento miserable porque no me quiere como yo quiero. Quiero seguir haciendo la misma pataleta en la oscuridad porque las cosas simplemente no me salen. La vida me aburre. Me aburre tener 16 y pasarmela en este plan. Reírme en el colegio y llorar en la casa. Tengo un cajoncito lleno de secretos en el que están mis primeros escritos. Son cosas macabras. Quiero morirme. Quiero morirme porque tú no me quieres, porque no debo ser suficientemente buena, porque me aburre esto de aspirar a crecer, reproducirme y sentarme en una oficina todos los santos días de mi vida hasta que me muera y algún ser superior pueda decirme que nada valió la pena. ¿por qué habrías de quererme? Me duele la cabeza de tanto llorar. Se acabó la canción. Replay. Quiero seguir acordándome de ti, pensar que tal vez sí me quieres un poquito. Mi celular monofónico y monocromático se ilumina. Me mandas un mensajito. Tú de diviertes con personas que no conozco. No se cuántos mensajes nos mandamos a diario pero son muchos. Todavía no existe whatsapp, pero tenemos muchos SMS para gastárnos en conversaciones infructuosas sobre las cosas que yo aprendo en el colegio y los comentarios guarros que hacen tus amigos en la u. Sonrío con cada mensajito, no voy a mentir, pero cuando llego a mi casa sigo sintiendo un vacío espantosamente grande en algún lugar del cuerpo. Sigo sintiendo que mis amigas tienen más vida afuera que yo. Pienso que no voy a llegar a vieja. ¿Por qué todo tiene que ser tan dificil? Replay. En el cajoncito también hay papelitos con manchas cafés un bisturí oxidado y papel higiénico... por si acaso, . Lo que odio de llorar acostada es que las lágrimas se me vayan a las orejas. Me toca llorar sentada, pero sentada no es lo mismo. En estos días me pego una borrachera demente, te llamo y te leo todas las cosas escabrosas que guardo en mi cajón hasta que tú desesperes y al otro día no soporte mi guayabo moral ¿vale? Tengo tareas pero sé que no las voy a hacer. Mañana la voy a hacer en el recreo, me voy a inventar una excusa o algo. Tampoco es que me vaya mal, yo nunca he concebido eso de decirle a mis papás que perdí más de una o dos materias. Mis papás nunca han sido de castigo con esas cosas, pero son de miradas de decepción, que a mí me parecen más agudas que cualquier otra cosa.
¿Cómo le explica uno a alguien que puede moverse, reirse, comer, dormir y a la vez sentirse la cosa más miserable del mundo? A muchos les sonará exagerado eso. No me gustan las hipérboles y la verdad no sé cómo era que lograba moverme en ese entonces.
¿Cómo le explica uno a alguien que puede moverse, reirse, comer, dormir y a la vez sentirse la cosa más miserable del mundo? A muchos les sonará exagerado eso. No me gustan las hipérboles y la verdad no sé cómo era que lograba moverme en ese entonces.
Pero ya no tengo 16 años. Ya la pataleta no me queda. Ya no tengo cosas macabras escritas en papeles arrugados. Ahora escribo ficciones porque me gusta más y me quedan bien hechas. Tampoco guardo pastillas, ni remedios, ni comida, ni bisturí oxidado. Guardo cosas normales: billeteras, pulseras dañadas, botones, facturas, cremas, mugre. Sigo siendo desordenada. Sigo dejando zapatos tirados por todas partes y poniéndome lo primero que me encuentro. Sigo suspirando profundo cuando las cosas no me salen como quiero. Pero me resigno y me digo "shit happens" y me pongo a escuchar música intrascendente y bailo y me miro al espejo y me dijo que soy hermosa, así, con las calorías que me embutí de más y pienso que mañana será un nuevo día y que me toca volverlo a intentar porque no hay de otra. Lloro de vez en cuando. Muy rara vez hasta el dolor de cabeza. No me he tirado una sola materia. Ahora tengo una escala de 1 a 10 en la que cero quiere decir "estoy bien" y diez quiere decir "me quiero morir". Nunca he vuelto al 10. He llegado al 6 en días muy largos, pero no más allá. Todos los días me pregunto dónde me va a dejar el río, y cuando estoy muy ansiosa me compro un chocolatico o algún dulce y procuro no pensar. Sigo siendo increíblemente terca y obsesiva con algunas cosas, y de alguna forma eso mismo es lo que me hace aspirar a ser mejor y dedicarle más tiempo de lo normal a cada cosa, en busca de un buen resultado o algún resultado siquiera.
Comentarios
Publicar un comentario