Lecciones de vida con la abuelita

Mi abuelita Carlota tiene 82 años y más vitalidad que gente de la mitad de su edad. Hace un año y siete meses quedó viuda y siendo tan fuerte como es, nunca la vi llorar por mi abuelo. Ni el día de su muerte, ni el día del entierro, nunca. Ayer, sábado y el viernes en la tarde estuve con ella y debo admitir que recibí una lección de vida muy importante. 
El viernes mi abuelita me recibió en su casa porque me tenía planillada desde hacía días para que le ayudara a armar su árbol de navidad. Así que yo por supuesto, no podía sustraerme a semejante compromiso y asistí ese mismo día. Después de cumplida la labor, mi abuelita me enseñó su nuevo juego de té, una vajilla divina con florecitas pintadas, de cuyo estrene yo no pude participar por estar estudiando como negra este semestre. Cuando le admiré su adquisición mi abuelita decidió que yo, y solo yo en ese momento, aún cuando había más gente en el apartamento, debía tomar el té en una de esas hermosas tazas y me lo sirvió junto con una variedad de galletitas (sabiendo lo que yo amo las galletitas) en un plato.
Ayer en la noche me quedé a dormir allá y por la noche, mientras ella miraba noticias yo notaba como se indignaba ante cada trágico anuncio. "Incendio en el barrio tal" y mi abuelita exclamaba un "Virgen Santa! pobre gente." Yo pensaba que a mí las noticias me entristecen, pero rara vez me sorprenden. Como cosa típica en este país nos acostumbramos a la negatividad emitida en los medios de comunicación. En fin, eso es harina de otro costal. 
Esta mañana cuando me levanté, mi abuelita me recibió en la cocina con un gran abrazo y un beso.  Entonces curiosamente recordé una frase de uno de mis libros favoritos, La mujer justa de Sandor Marai: "Esto es la realidad, y todo lo que la compone es igual de importante" y me di cuenta que ella encarnaba esa visión del mundo: todo lo que ocurre en la vida es importante: dar té con galletas en una tetera de florecitas, armar el árbol de navidad, apiadarse de quienes sufren en las noticias, estar agradecido por la vida, demostrarle a la gente que la quieres, esas cosas que a veces parecen intrascendentes, que nos sabemos tan de memoria que nos parecen aburridas, o que simplemente ya no se nos ocurren, son los detalles que componen el día a día y que mi abuelita se toma tremendamente a pecho porque esa es la realidad y todo eso que la compone, todo lo que para ella merece atención, es igual de importante.

Amén por mi abuelita.

Comentarios

  1. Ese es el mejor ejemplo de lo que significa hacerle frente y justicia a la vida.

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