I watch people leave... or people live

Tengo un recuerdo de mi niñez que aún no estoy muy segura de si realmente sucedió o si simplemente me lo soñé. Yo nunca fui a jardín infantil. Era un gasto innecesario, ya que mi tía podía cuidarme hasta que yo tuviera edad suficiente para ir al colegio. En una ocasión, me llevaron a conocer un jardín infantil. Yo no tendría más de 3 años (por eso, en parte, es que dudo de la verosimilitud del recuerdo) y mis papás me llevaron a este lugar, por el que hicimos el respectivo tour y a la salida, mi mamá tenía que irse a trabajar. Yo me regresé con mi papá a la casa (¿mi papá no tenía que trabajar?), nos subimos a un taxi y yo me voltée para mirar por el vidrio de atrás a mi mamá perderse en la distancia. Recuerdo la tristeza que sentí, porque aunque sabía que la volvería a ver, percibí eso que después entendí: que las despedidas siempre tienen algo de definitivo, que los adioses siempre ponen fin a pequeños ciclos de cambios o tal vez, también marcan el principio de otras cosas, como cuando uno tiene una conversación con alguien y no puede evitar quedarse pensando al respecto.

Siempre que me enfrento a una despedida pienso en esa imagen: la gente que se va y yo que me alejo contra mi voluntad. Sé que es una imagen cinematográficamente dramática, pero es tal cual lo que yo veo cuando visualizo ese momento. Hace ocho días mi hermana se fue del país, a perseguir uno de sus sueños. La "sensación agridulce" como la llama mi papá se hizo carne en la despedida del aeropuerto. Mi hermana es la persona que ha estado conmigo siempre, que sin preguntar nada o decir nada, sabe qué me pasa o qué estoy pensando. Y no voy a proseguir porque me da por extrañarla y bueno, deje así. El caso es que por más despedidas que uno viva, nada nos prepara realmente para la siguiente, que será inevitablemente compleja, cuando dos personas se quieren.

Me cuesta despedirme, me cuesta dejar a la gente ir, pero si algo he aprendido es que ese "dejar ir" es muy relativo. Desde los 12 no vivo con mi mamá y sin embargo, ella está más cerca de mí que otras personas que han vivido cerca de mí. Así como personas que se han ido lejos y siempre han encontrado la forma de estar en todo lo que hago, digo y pienso. 

Quería escribir este post... y ya no sé cómo terminarlo porque si no me gusta despedirme, menos me gusta hablar de despedidas. That's just life, I guess. Lejos o cerca siguen siendo la inspiración de mi vida, porque la fuerza de su existencia y sus palabras de aliento me impulsan a ser mejor cada día. Gracias por enseñarme eso.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Montañita

Humo

La dicha de haberse quedado