Notas al pie para un texto aún no escrito sobre mi infancia part. 7
8. Perdida.
¿Alguna vez se perdieron de niños? ¿En la calle, en un centro comercial o en un evento atestado de gente?
Yo sí. Apuesto que me perdí más de una vez por ser tan distraída. Pero de la vez que más me acuerdo es de haberme perdido en un Pepe Ganga cuando daba una vuelta con mis papás y mi hermana. Tendría entre 4 y 6 años. Seguramente me entretuve viendo algo en algún estante y cuando voltée, ya no había nadie que yo conociera. Fijo me asusté, fijo una parte de mí me dijo que me quedara quieta en mi lugar, tal cómo me había advertido mi mamá que hiciera si llegaba a perderme. Según ella, me encontrarían en el último lugar en el que hubieramos estado juntos.
Fijo me cansé de quedarme ahí quietica, fijo me angustié y empecé a caminar por las demás hileras buscando a mis familia entre la multitud. Fijo tenía una cara suficientemente preocupada como para que un señor muy bien vestido, que llevaba en brazos a su hijita pequeña, me preguntara si estaba perdida. Ante mi cara perpleja y angustiada, el señor prometió ayudarme a encontrar a mis papás y yo decidí confiar en él porque tenía a una niñita en sus brazos. Supongo que eso y su tono tranquilizador, me hicieron confiar en él, aunque una parte de mí me recordaba que en el mundo había gente mala y que no iba a estar totalmente segura hasta que encontrará a mis papás.
El señor me llevó hasta la recepción donde le explico a una señorita mi situación y después de preguntarme el nombre de alguno de mis papás, este sonó amplificado en la voz de la señorita a través de unos potentes parlantes. En minutos, aparecieron mis papás y mi hermana. Me sentí aliviada al verlos, hasta que mi papá se abalanzó sobre mí y empezó a regañarme por haberme perdido. El miedo que había sentido hacía un instante se apoderó de mí y empecé a llorar. Durante mucho tiempo no entendí porque mi papá me había metido semejante regaño sabiendo que ya había tenido mi trauma por haberme perdido de ellos. Ahora comprendo que su miedo, probablemente, había sido mucho más grande que el mío, tal vez mucho más grande que el de mi madre, que de pronto confiaba en mi sentido común de quedarme quietecita en mi lugar... o tal vez el alivio de ella fue más grande al verme que supo que no era necesario regañarme (y eso que mi mamá tenía su genio), no sé, pero cada vez que me acuerdo de ese regaño, pienso en el miedo que puede sentir un padre de perder a un hijo y aunque no me ha pasado, supongo que lo entiendo, no sé.
Perderme nunca ha sido en realidad uno de mis miedos. A pesar de mis altos niveles de distracción, confío en mi buen sentido de la lógica y la orientación espacial que me permite ubicarme fácilmente si me lo propongo. Supongo que de niño el miedo de perderse es por despegarse de aquello que brinda seguridad, por separarse de las pequeñas cuatro paredes que te son familiares. No sé por qué me acordé de esto, me parece que fue porque el otro día escuché un regaño parecido a un niño por perderse y en los ojos de su madre vi ese miedo cristalizado, ese miedo mezclado con el alivio, que le hacían atenazarlo fuerte entre sus brazos, mientras le hacía prometerle, que nunca jamás se perdería de nuevo.
Esa es reacción instantánea de algunos padres y yo creo que es por angustia, nervios y miedo de lo que acaba de suceder.
ResponderEliminar