Aquí arriba en la montaña el aire huele a fresco, a pino; es aire limpio, casi demasiado. Cuando vienes de la ciudad el aire puro te parece raro, no te acostumbras a tanto oxígeno. Aquí arriba se pueden ver las estrellas en un día cualquiera. Ahora mismo, en octubre, hace fresco durante el día y de noche hace frío agradable, sutil, no de morirse. He venido en invierno, en verano, en otoño y en primavera. He venido muchas veces y sigo viniendo cada que la fortuna me lo permite. No todo es perfecto, claro, semejante cosa no existe, pero aquí arriba encontré personas que me arropan con su cariño y me invitan a su mesa. Aquí arriba hay paz, pero no porque no quepa el dolor o la humanidad, sino porque hay cierto silencio, el silencio de la naturaleza, el rumor de los árboles, un olor que ya me es familiar, a comida que se está horneando. Aquí arriba no me duele nada, pero no porque este lugar tenga la facultad de desaparecer los dolores, sino porque abajo, en la ciudad, tampoco m...
A la Alejandra de 20 años que no veía nada más: Sé que se siente como una lucha constante. Levantarse, sentir la misma desazón, el mismo fastidio, la misma tristeza agazapada por dentro todo el tiempo. "No se puede vivir así", escribiste un día y quisiera decirte que no tendrás que vivir así, que todo va a mejorar, que los neurotransmisores en tu cerebro se van a reconfigurar, que vas a encontrar tu tribu, que levantarte ya no te va a doler. Bueno, tampoco te voy a decir que no volverás a sentir dolor o tristeza inmensas, sabes bien que eso no existe. Pero te puedo asegurar que por cada día así, existirán muchos más de dicha inmensa, que te vas a reír hasta el tuétano, que te vas a enamorar no una, sino varias veces, que te van a romper el corazón, que vas a tener que indagar en el sótano de tu alma, aunque no quieras, que te vas a equivocar... todo eso va a pasar, pero te aseguro que haberte quedado va a valer toda la pena. Esto que sientes no eres tú, son las pastillas jugá...
Hágame un favor. Vaya y dígale que venga él mismo y me lo diga. Que no me mande mensajeros, que deje la pendejada. Que el mínimo de respeto que me merezco es que me diga las cosas en la cara. Pero claro, qué puedo esperar yo, si después de todo era un maldito cobarde. Le faltaron todos los cojones del mundo para pararse al frente y defenderme, decir que me amaba. Pero no podía. Es que se cagaba en los pantalones cada que yo le hacía el reclamo. Me sacaba las excusas más pendejas de este mundo, lo típico, que eran cuentos míos, que no sé que, pero yo sabía... Yo sabía que yo tenía razón, que lo suyo era puro y físico culillo. No hombre ¿y que ahora me mande a decir estas cosas con usted? esto si que es la tapa. Otra vez, ¿cómo es? ¿Que fue un cabrón de mierda? sí claro, que me diga algo que yo no sepa. ¿Que me merezco algo mejor? ¡descubrió el agua tibia! pues claro que me merezco algo mejor. Y lo último ¿cómo es? ¿Pero que siempre me seguirá amando a pesar de todo? Que venga el mismo ...
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