Gonzalino llegó con la lluvia.
El instante en el que vi el automóvil rojo frente a mis ojos sentí una especie de bizarro deja vu. Pero fue cuando aspiré el arraigado olor a gasolina que al parecer en dieciséis años no logró desprenderse que vino a mi mente con toda la fuerza los instantes que pasé en ese carro.No recuerdo mucho, yo era pequeña. Era un día absurdamente lluvioso, sonó el timbre y abrimos la puerta. Enfrente de la casa había un renault 9 rojo escarlata modelo 93. Mi papá parecía el hombre más feliz sobre la faz de la tierra, aparte de la sonrisa de oreja a oreja que sostenía, su manera de moverse era la de alguien que había adquirido algo valiosísimo. De un momento al otro yo tenía mi chaqueta rosada de capucha y permanecía quieta en la puerta. Mi papá nos miró a mi hermana y a mí y en su increíble alegría dijo algo como: "vengan, es nuestro nuevo carro" (les recuerdo que no lo recuerdo literalmente). Casi me parece verme: tímida, parada en la puerta tirándome las mangas de la chaqueta, agachando la mirada preguntándome que carajos estaría pasando o porque mi papá estaba tan emocionado con un pinche automóvil en pleno día tan asqueroso. Oí algo con respecto a un viaje... seguramente mi mamá había empacado algo de ropa rápidamente y nos hicieron subir al carro. No sé si en ese preciso instante fui consciente del olor a gasolina, no sé si a esa edad ya era capaz de reconocer aquel hedor. Pero sé que me sentía rara. Mis padres hablaban animadamente y mencionaban cosas al respecto de "Carlos David" (entonces compañero de trabajo de mi papá) y "Cabrera" (entonces lugar de trabajo de mi papá). Al parecer íbamos a ir todos en caravana, pero la impetuosa lluvia nos hizo perder y tuvimos que volver a la casa. Para mí todo ocurría demasiado rápido. Aunque ya habíamos tenido otro carro del que no recuerdo absolutamente nada, este, el rojo, parecía ser la esperanza de la vida de mi padre. Parecía ser su sueño absoluto. Y entonces en un viaje armado en no se cuantas horas nos íbamos a ir a Cabrera (que era estúpidamente chiquito) a estrenar el carro que simbólicamente representaba el inicio de una nueva vida como familia... supongo que eso opinan las familias con respecto a los carro familiares. Creo que al otro día si nos fuimos... no lo recuerdo con exactitud, yo tenía al menos cuatro años y de ese entonces recuerdo poco. En ese carro fuimos a todas partes: entiéndase, Garagoa (pueblo natal de mi papá), Cabrera y otros pueblitos donde trabajó Luis Carlos (me cansé de escribir "mi papá") y Manizales. El carro no era un Lamborghini, pero para entonces estaba bien y equivalía por lo menos a tener un corsa ahorita. Al carro le decíamos Gonzalino... o al menos nos referíamos a él así. Y con Gonzalino nos criamos.Luego mis papás compraron el Megane (Arturo) y a Gonzalino lo vendieron a una tía. Y ayer me volví a subir a ese auto después de por lo menos cinco años. Encontraba gracioso recordar esas cosas, recordar todo el tiempo que habíamos pasado allí..: Los primeros días que pasamos en el asiento trasero Karen y yo moviéndonos como locas a causa de los giros por cada curva de la carretera y la consecuente adquisición de los cinturones de seguridad que nos acabó el juego; Los viajes en que poníamos nuestro veintiunico casete y cantábamos con entusiasmo "porque yo, no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me quiero casaaaaar, quiero tocar la guitarra todo el díaaaa y que la gente se enamore de mi vozzz" (creo que esa fue la primera canción que no fuera de plancha que me aprendí); y un par de accidentes que probablemente un psicólogo diría son la raíz de mi miedo a la velocidad.
Y ahora al carrito le suena todo, es mas obvia su corta altura y tanto el diseño cuadrado como la carrocería de tela dan cuentas de su edad. Ahora lo volvieron a vender a alguien más. Fue extraño... vino a verme una vez mas para hacerme recordar y despedirse. Seguro no lo volveré a ver. Solo quería decir eso, contar una historia que no he contado a nadie, contar algo que hace muchísimo tiempo no recordaba.
Y ahora al carrito le suena todo, es mas obvia su corta altura y tanto el diseño cuadrado como la carrocería de tela dan cuentas de su edad. Ahora lo volvieron a vender a alguien más. Fue extraño... vino a verme una vez mas para hacerme recordar y despedirse. Seguro no lo volveré a ver. Solo quería decir eso, contar una historia que no he contado a nadie, contar algo que hace muchísimo tiempo no recordaba.
Comentarios
Publicar un comentario