A Caro

Estaba atascada. Aletargada, adormilada, difuminada y atascada. Seguía sintiendo que me ahogaba; no era como si tuviera una bolsa en la cabeza y me ahogara de un modo dramático e irremediable, sino como si poco a poco aquellos que me rodeaban se fueran guardando un poco de mi porción de aire en sus bolsillos y creían que yo no me daba cuenta. Tal vez no lo había notado pero uno termina por entender cuando las cosas no funcionan del todo bien. Al principio creí que era taquicardia, pero luego al llevarme dos dedos a la carótida me di cuenta que era todo lo contrario: mi corazón no estaba latiendo mas rápido sino mas despacio, se estaba cansando, estaba olvidando como debía funcionar. Un par de lagrimas escurrieron por mi rostro la primera vez que lo supe. Mi corazón estaba cansado. El mecanismo no funcionaba del todo bien. Ahí fue que me di cuenta que me estaba ahogando. Lentamente.

- A ti que te pasa? Estás de un raro…
- Nada, contesté sin mucho esfuerzo de hacerlo sonar verídico
- Sí, claro.

Era cierto. Hoy no tenía ganas ni de repetir mi nombre. Caminabamos en silencio como pocas veces y ahora estabamos sentadas en un anden viendo la gente pasar. ¿Qué ocurría?. Estaba lidiando. Como cosa muy rara estaba tratando de que el mundo no se me derrumbara. Quería entenderme. Pasar un rato en silencio, conmigo, entiendiendome. No tratando de justificar mis comportamientos, de eso estaba literalmente harta. Quería quedarme sentada en una silla preguntándome qué carajos pasaba y porque estaba tan loca y enferma. Repasando los episodios de mi vida, recordando como podía los eventos: en desorden. Me sentía abrumada y otro monton de términos que podrían funcionar. Pero no hay caso. Hoy no me dan ganas de dar explicaciones. Apoyé los brazos sobre las rodillas y escondía la cabeza entre ellos. Recordaba y me daba mareo, nauseas, dolor de cabeza, quería morirme. Estaba condenada de un modo estúpido a recordar y eso me deprimía. No sabía qué era peor. ¿Dónde estaba yo?. En qué consistía tanto pensar. Que iba a lograr… aparentemente nada. Siempre lo mismo. Quedarme sin aire, ahogada, necesitando sostenerme de una pared porque me iba a desmayar de la angustia. No era dolor. Era como un miedo latente de algo que no comprendía del todo. La pregunta de a dónde iba a llegar todo eso. Conocía el final de historias parecidas. Parecía caminar por otro sendero pero en realidad yo no tenia idea para dónde iba. El resto se daba cuenta. Había quienes no se engañaban tan fácil. Pero delante mío seguían sonriendo como estúpidos. Y a mi espalda decían que creían que yo estaba enferma. Que me veían demasiado débil, ojerosa, intranquila. Que sabían que no podía dormir. Que luchaba. Y sin embargo no decían nada. ¿Por qué carajos?. ¿era porque creían que eventualmente me salvaría?, ¿entonces de dónde salía tanta preocupación? ¿Por qué discutían sobre mi bienestar con el rostro transido de incertidumbre y frotándose las manos? Yo sabía cómo era eso. Hacían como que importaba demasiado y a la vez eran bobadas mías. Una adolecente loca y muda. No soy muda. Solo que me cansé de gritar en silencio.

- Que mierda.
- Si, que mierda nena. Es una completa mierda. Pero el sol sigue brillando.
- Gracias.
- ¿por que?
- Por no obligarme a hacer nada.

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