'No' atascado



Se le quedó un “no” atascado en la garganta.
Era capaz de decir “no quiero”, “no me gusta” o “no, gracias”.  Era capaz de usar una negación tan básica que había aprendido desde niña y sin embargo, cuando debía responder esa pregunta, no le salía.
Hacía tanto tiempo que no pensaba en él, que ya estaba convencida de que la respuesta sería negativa de tajo. Habían pasado años, con meses y días, con largos minutos. Habían pasado noches en vela, borracheras, amigos, películas, canciones, viajes, trayectos en transporte público.
Había pasado la vida entera.
Sin Él.
Eso era lo que debía pasar cuando una persona se iba: la vida seguía. La de él había seguido. Tenía a otra mujer a su lado, de hecho, ya había tenido a otras dos. Una rubia y otra morena. Las dos muy guapas. Ella lo sabía porque había visto sus fotos en redes sociales.
Por su parte también habían pasado otros hombres. Amantes sin nombre se habían deslizado por su cama y se habían ido sin pasar la noche. Ella les pedía que se fueran. Amanecer con otro hombre que no fuera Él seguía pareciendo absurdo.
Había salido con un ingeniero. Era inteligente y cariñoso, pero demasiado entusiasta. También había tenido un breve romance con un zoólogo guapísimo que siempre terminaba hablándole de sus vacas. No quiso rivalizar con las vacas y lo dejó.
Incluso había terminado de novia adicional en una relación poliamorosa, pero después de la emoción inicial de la multitud, se aburrió y lo dejó. Nadie le dijo que se quedara.
Había vivido.  Había reído, bailado, trasnochado. Había amanecido en un sofá ajeno después de alguna borrachera. Había desocupado su armario y lo había vuelto a llenar. Se había cortado un dedo. Se había enfermado del estómago. Se había pintado las uñas más de 120 veces. Había concebido versiones del futuro que no lo incluían a él.
Había comenzado a borrar de su cabeza ciertos recuerdos que lo implicaban a Él y había dejado de sentir un vacío en el vientre cada vez que le mencionaban su nombre o que veía las fotos de los dos.
Por eso era fácil asumir que la respuesta era, a todas luces, negativa.
Sin embargo, cuando tuvo que responder a la pregunta, la respuesta negativa no salió naturalmente. Cuando le preguntaron si todavía lo quería, ese “no”, tajante, se le quedó atascado en la garganta.
Tal vez, como una infección latente que se rehusa a desaparecer con los antibióticos más fuertes, había una fibra que permanecía aún ahí, escondida.
Aunque hubiera pasado la vida entera.
Sin Él.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Montañita

Humo

La dicha de haberse quedado