No vas a recordarlo todo
Se me han ido olvidado las cosas que sabía de ti. Se me han resbalado de la cabeza tantos datos que guardaba de ti, Arturo, que ya no estoy segura de si te conozco como solía hacerlo.
No sé en qué parte del cerebro se van acumulando tantos detalles de la persona que uno ama cuando la ama. Es como si se creara un cajón con el nombre de esa persona y uno empezara a anotar ahí cosas como "El día que conoció el mar salió corriendo porque le dieron miedo las olas" o "jamás admitiría en voz alta que le gusta Bridget Jones". Ahí va todo. Desde cuántas cucharas de azúcar van en su café, hasta cuál es su hermano favorito, cuáles son sus pequeñas neurosis o en qué parte tiene esos lunares que solo unos cuántos conocen.
No sé en qué parte del cerebro se van acumulando tantos detalles de la persona que uno ama cuando la ama. Es como si se creara un cajón con el nombre de esa persona y uno empezara a anotar ahí cosas como "El día que conoció el mar salió corriendo porque le dieron miedo las olas" o "jamás admitiría en voz alta que le gusta Bridget Jones". Ahí va todo. Desde cuántas cucharas de azúcar van en su café, hasta cuál es su hermano favorito, cuáles son sus pequeñas neurosis o en qué parte tiene esos lunares que solo unos cuántos conocen.
El cajón es útil, importante, vital. La información que guardas ahí es lo que hace que la tusa sea tan espantosa. Cualquier cosa puede provocar una relación elemental con uno de los datos que albergas del ser amado.
Años después, el cajón con tu nombre sigue ahí. La información básica sigue ahí: color de pelo, de ojos, nombres de las exnovias, momentos fundamentales vividos, algunas anécdotas importantes. Pero me doy cuenta de que algunos detalles se han ido borrando. No me acuerdo, por ejemplo, cómo fue que te hiciste esa cicatriz en el mentón. Sé que me contaste y sé que hasta hace un tiempo yo lo recordaba. Ahora, por más que me esfuerzo no logro traerlo a mi memoria.
Sí, son pendejadas, Arturo. A nadie le importan esas cosas en este momento. Tampoco es que me afecte no recordarlo. Es solo curioso que un día sepas tantas cosas de alguien que solo a ti te parecen fascinantes y tiempo después los detalles se vayan borroneando porque tú cabeza necesita espacio para albergar información sobre otras personas.
No vas a olvidarlo. No vas a olvidar su nombre, ni las cosas que vivieron o las cosas que sentías. Hay cosas que no vas a olvidar y sin embargo, no vas a recordarlo todo. La cabeza es caprichosa, no una USB y va a seguir recordando hasta que algo le diga que no vale la pena. "Ya podemos olvidar esto", "ya no es necesario" o "ya no queremos recordarlo".
No sé a qué horas dejé de pensar en tu cicatriz y mi cabeza decidió mandar ese archivo a la mierda. No sé, Arturo, si así cómo olvidé eso pueda seguir olvidando otras cosas por falta de uso. O si un día cualquiera, me vuelvo a acordar y me toque retractarme de todo esto.
No voy a olvidarte, Arturo. Tampoco me interesa hacerlo. Pero no niego que de alguna forma me produce cierta tranquilidad saber que tal vez esa información ya cumplió su papel en mi cabeza y ya no es necesario mantenerla allí. Si he ido olvidando esas cosas, quiere decir que yo misma las estoy dejando ir, como he ido haciendo, de a poquitos, desde que te dije adiós.

Comentarios
Publicar un comentario