Resiliencia



 “Dios, Buda, Alá, porfa háganme más fuerte porque no sé en qué demonios me metí” Pensaba cuando me di cuenta de que me había montado en una montaña rusa casi sin pensar, porque no me habían dado oportunidad de reaccionar.
Mi primera pregunta fue ¿Cómo lo voy a hacer? Cerré los ojos muy fuerte. Tenía miedo, mucho miedo. No sé a qué le tenía tanto miedo. Bueno, si sé. Tenía miedo a no poder lograrlo. A que alguien me dijera lo que en el fondo, he esperado tanto tiempo “no eres lo suficientemente buena.”
Era ese pánico casi paralizante que me impedía pensar con claridad, que se me instalaba como una bola de plomo en el fondo del estómago cada vez que alguien decía mi nombre. “Mevanaregañarmevanaregañarmevanaregañar.”
Alejandra, cálmate. Distraete. Estás muy estresada.
Salí a caminar, fui a cine. Lloré.  (¿qué, nunca han visto a alguien llorar de miedo?)
Las cosas no siempre son tan graves como uno cree.
Get your shit together woman.
Me paré el lunes y fui a la oficina y ya no tenía tanto miedo.
De repente ya no estaba tan desconectada, ni tan perdida, ni tan aislada. De repente era parte de un engranaje que sin saber bien cómo, funcionaba. De repente uso ese pánico, ese vacío para impulsarme. Ya nada es tan difícil, ni tan irremediable ni tan nada.
Una parte de mi sigue queriendo salir corriendo y la otra le dice que no lo vamos a hacer porque tenemos mucho que aprender.
No me han regañado. Me han corregido. Me alegra mucho que no me hayan dado tiempo de pensar.
Repitan conmigo: las cosas no siempre son tan graves como uno cree.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Montañita

Humo

La dicha de haberse quedado