(Un)entitlement
Hay muchas cosas a las que uno NO tiene derecho en la vida. No tienes derecho a decir todo lo que piensas porque puedes herir a otros. No tienes derecho a cagarte en la vida de los demás. No tienes derecho a jugar con los sentimientos de alguien. No tienes derecho a hacer lo que te da la gana. No tienes derecho a pasar por encima de alguien para llegar a alguna parte. Si se fijan, esta lista está compuesta de cosas a las que uno no tiene derecho no porque exista una norma explícita que así lo indique, sino porque entre todos los derechos sobre los que hemos consensuado, no existe un derecho a disponer sobre otra persona. Tienes poder, pero no tienes derecho, esas son cosas totalmente distintas.
Ahora resulta que no tengo derecho a decirle que lo quiero porque lo más probable es que no quiera que se lo diga, porque tal vez eso lo incomode, moleste, incordie, fastidie o aburra. Es decir, no lo tengo prohibido por ninguna autoridad moral, ética, jurídica, política o religiosa. No tengo prohibido decirle a alguien que quiero que lo quiero y sin embargo, cuando quiero decírselo, una vocecilla me dice que no tengo derecho. Tengo poder, pero no tengo el derecho. No tienes derecho a llamar, a decir que te importa, no tienes derecho a extrañarlo. Y por eso tienes que pensar muy bien antes de hacer cualquier cosa. No tienes derecho porque estarías obligando a crear una reacción, sea cual sea, incluida la indiferencia.
No tengo derecho a decirle que lo quiero. Tengo derecho a resistirme a creer que tengo ese derecho, así como tengo derecho a no saber cuál sería la respuesta a esa acción. Tengo derecho a creer que así no me hago daño.
También tengo derecho a otras cosas. Tengo derecho a creer que a veces, solo a veces, tengo derecho a mirarlo a los ojos durante un rato y sentirme en casa. Tengo derecho a escribir esto, a creer que es digno de escribirse, a quejarme de derechos imaginarios que sólo a mí me importan. Tengo derecho a guardar distancia de la persona que fui porque me siento lejos de ella. Tengo derecho a transformar sentimientos propios en historias ajenas, a usarme como mi propia materia prima. Tengo derecho a callar, porque tengo derecho de disfrutar de un riquisimo mundo privado lleno de matices.
Tengo derecho a escoger si le digo o no que lo quiero y a tejer un tapiz de razones sobre por qué no lo hago.
Y si le di publicar a esto, aún cuando el sentido no está muy claro, tal vez es porque creo que tiene derecho a que alguien lo lea.
jueputcha...esto te lo tomo perstado mientras digiero y planeo cómo hacer para tomarme un derecho que no tengo. Gracias!
ResponderEliminar