Imitando a Manuel Puig

Me pusieron a imitar al escritor argentino Manuel Puig partiendo de su estilo (o estilos más bien) narrativo en Boquitas pintadas. Aquí va el ejercicio, espero que les guste.


*
El día viernes 6 de septiembre de 1943 Valeria Puczko durmió hasta las 9:30 cuando Susana, su compañera de departamento la despertó. Valeria caminó descalza hasta la cocina. Tomó un mate tibio y un pedazo de pan duro. Pensó que gracias a la guerra estaba más delgada que nunca, en que iba a tener que ajustarse los vestidos de nuevo pues ya le estaban quedando grandes. Pensó en coserlos ella misma, en los malos resultados que eso tendría, en la jornada de la noche anterior, en los pasos que equivocó en la milonga, en el odioso de Carlos que la había hecho equivocar a propósito, en el persistente olor a canela de la tanguería, en la mancha de whiskey provocada por el vaso del señor Almeyra cuando ella se había sentado a su lado, en la cara de Almeyra cuando ella rechazó su invitación a llevarla a su casa. A las 11:20 Valeria salió del pequeño departamento en la calle Corrientes y caminó tres cuadras hasta la modista para que le arreglara los vestidos. Valeria prometió pagar la semana siguiente y regresó a su departamento hacia las 12:40. Se lavó las manos, preparó una sopa de verduras con lo que encontró en la cocina y almorzó. A las 13:30 se recostó en su cama y durmió una siesta. A las 14:45 se despertó por el frío, salió hacia la tanguería y estuvo practicando con las chicas el repertorio de ese día. Corrigió a Susana varias veces, su baldosa de ocho tiempos carecía de ritmo en ocasiones y optó por marcarle el paso ella misma. A las 18:00 regresó a su casa, tomó un baño rápido, se puso el vestido rojo satinado de apertura hasta el muslo y tardó 39 minutos en componer peinado y maquillaje. Hacia las 21:00, mientras caminaba por Corrientes hacia la tanguería, Valeria se percató del olor a azufre proveniente de la calle Esmeralda. Caminó hasta allí y vio el teatro Maipo pintado de cenizas. Salían humos por todas partes y en alguno rincones se asomaban pequeñas llamas; algunos curiosos miraban asombrados la escena, el camión de bomberos y la policía estaban allí. Valeria sintió ganas de llorar pero no lo hizo. Dio media vuelta y caminó a la tanguería. Pensó en lo mucho que soñaba con el escenario del Maipo, en que era la segunda vez que se incendiaba, en el infortunio que eso representaba, en las sillas de terciopelo rojo de los palcos, en llorar en los hombros de Almeyra, en mojarle el abrigo con sus lágrimas, en el olor a canela y en la mancha de whiskey, en que el vaso no se había roto,  en ir a una función con Almeyra, en la fachada del teatro, en la cara de uno de los bomberos; pensó en el cambalache, en que el mundo fue y será una porquería, especialmente ese día.

***

- Servime otro Whiskey, Valeria. Un whiskey en vaso cuadrado, dos cubos de hielo que refrescan
- Tenga señor Almeyra. Y no me pidás nada más
- Y… Valeria, ya que no bailás hasta dentro de un rato, porque no te sentás un momento acá.  Le marca las caderas ese vestido, la abertura al muslo, las tirantas satinadas sobre la piel blanca, blanca como leche
- Discúlpeme, pero mejor me quedo en la barra. Que si llega Carlos y me ve hablando con vos se arma el quilombo
- Pero vos no sos camarera, qué hacés allí? Humo de tabaco, sorbo de whiskey, me seca la lengua, me la pudre
- La reemplazo, a Laura. Prefiero quedarme acá, con vos, como que no me interesa
- Y, contáme ¿de dónde es ese apellido? ¿De dónde venis mina?
- ¿Puzcko? Es polaco. No tengo cara de polaca yo, ya sé. La piel blanquita y los ojos azules no más
- Pero vos no sos polaca de nacimiento. No tenés cara. No tenés cara de ningún lado, bailás tango pero tampoco sos de acá
- No, no soy. Agarrá fuerte ese whiskey, apretá el vaso con la mano, rompelo y a ver si sangras.
- Bailás muy bien, eso sí. De acá salís en un rato y yo caminando detrás de ti
- Gracias, ¿quiere algo más? Me tiembla todo, las piernas, todo
- Mirá te están llamando.  Hacete mala sangre Carlitos, que estaba hablando conmigo la mina. Y sonríe la Valeria, aunque disimule
- Sí, ya me toca. ¿Viste? A Carlos no le gustás ni un poco. Esta noche te dejo seguirme

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