Discurso contra el todo.


Soy repetitiva. Insisto mucho en las mismas historias, en los mismos personajes, en los mismos recuerdos. No crean que no lo sé. Tal vez la repetición me ayuda a confirmarme, a recordarme, a arreglar ese foco borroso que a veces me impide verme bien, reconocerme.
No aspiro a lo mismo que ustedes. No aspiro a conformarme con encajar en sus discursos de lo que significa ser joven y “divertido”. No aspiro a eso, aunque a veces desee que así fuera. Aspiro a sensaciones abstractas, a instantes perfectos. No a uno solo sino a muchos. Aspiro a curarme a punta de repetición. A no cansarme de mi propio ejercicio de confirmación, a poder ver el mismo monologo ochenta veces y sentir la fibrita trepidándome. No aspiro a lo mismo que ustedes porque yo no soy ustedes. Ni soy como ustedes. Al fin y al cabo ni siquiera ustedes son como ustedes, no son como creen que los configuran las mismas practicas, los mismos intentos, los mismos términos y la misma ropa.
Lo que pasa es que ustedes no lo han entendido. No han entendido que para ser persona no se requiere descualquierarse cada ocho días, ni tener 1200 amigos en Facebook. No han entendido porque no saben lo que es. Jamás han concebido la vida de otro modo y perpetuando aquella concepción del mundo criarán a sus hijos y criticarán a los míos.
Algunos de nosotros en realidad, no necesitamos lo mismo que ustedes creen que necesitan. No necesitamos un blackberry para sentirnos parte de algo, por ejemplo. Necesitamos otras cosas, muchas horas de andar en bicicleta en silencio tal vez. Necesitamos ser duros con nosotros mismos porque exigirnos a medias no es suficiente. Necesitamos sentirnos frustrados por no entender algo para que se nos fuerce a querer comprenderlo.
Algunos de nosotros necesitamos más vida detrás de todo este aburrido telón de juventud incomprendida. Necesitamos menos groserías, menos dietas, menos alcohol, menos futuros prefabricados, menos realities, menos gente que nos diga como vivir la bendita vida según su concepción de lo que tiene que “quemarse” para llegar a los 30 siendo una persona seria.
Yo soy repetitiva. Muy repetitiva. Me repito a mi misma porque me aburren sus intentos de abarcar toda la experiencia del mundo antes de los 17 años. Me aburren sus significantes repletos de amigos, de fotos, de skype, de drogas, de tantas cosas que al final terminan siendo significados vacíos. ¿Qué saben ustedes del mundo? Mucho. ¿Qué saben ustedes de lo que quieren? Nada. ¿Qué saben de lo que es construirse como ser humano? Me aburren muchos de ustedes. Sus cabelleras lisas, sus mentes vacías. Sus piropos recalentados, sus mismos temas de conversación. Me aburrí de sus intelectualoides, de su desentendimiento de elite y de su resignación de clase baja. Me aburrí de que no aspiren.
No son solo ustedes en realidad. Me incluyo. Me aburro de mi rutinas, de mis intentos por establecer esas verdades en mi propio cuerpo para definirme –aunque por exclusión- a lo mismo de arriba. Me aburrí de Google, de las cuentas de usuario, del chispun del reggaeton. Me aburrí de los millones de bytes que me inserto en el cerebro para considerarme mejor y más informada. Me aburrí de verme a mí misma desde sus ojos, de verlos a ustedes transitar, me aburrí, de pasar entre todo este entramado de lo verdadero, de lo bueno, de lo global, de los medios, de lo plural y lo moderno.
Me aburrí de fantasear secretamente con una versión “mejorada” de mi misma que encarné el objeto de toda esta diatriba.
Aburrirme no me deja muchas opciones. Tal vez nada haya más allá de este airado conjunto de palabras.
Por lo menos se sintió bien decirlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Montañita

Humo

La dicha de haberse quedado