Tres puntos suspensivos

No quiero que me duela. Pero sé que me va a doler. Y mucho. Me da miedo morirme por hacer esto, aunque suene absurdo, aunque me hayan asegurado que si sigo las instrucciones todo debe ir bien. Igual me da miedo, al final de cuentas voy a suprimir algo que hace parte de mí, que tengo pegado, que me está creciendo por dentro, eso me suena feo, peligroso. Ya pregunté, me dijeron que sí duele, que tome acetaminofen, que me quede en la casa, que tenga a alguien cerca por si cualquier cosa. Cada cosa que hago me hace pensar en todo esto, en cuantos días me quedan, en cuantas horas. Reviso mentalmente cada paso: tengo que tomarme las dos pastillas a la misma hora en dos días. La segunda es la que va a provocar el sangrado fuerte, que se supone que no me debe durar más de unas dos o tres horas, de lo contrario, es una hemorragia y ahí quedo. Bueno, no necesariamente, tendría que correr al hospital para salvarme, pero uno nunca sabe. Hay que considerar todas las posibilidades.
Aborto es una palabra que suena espantosa, una palabra asquerosa y cargada de discusiones morales. Yo no soy moralista. Si lo fuera seguramente no lo haría, tal vez en este momento estaría dichosa, porque estaría a meses de cumplir el objetivo de mi vida como mujer: tener un hijo, criarlo, dar la vida por él y toda esa mierda que le meten a uno en la cabeza desde chiquito. No es que yo no quiera hijos, pero en este momento un hijo no cuadra en mis planes, No cuadra, sencillamente me arruina todo. Claro, que uno no puede andar por la vida solucionando las cosas así, que si uno toma una decisión tiene que afrontarla y hacerse responsable. Hacerme responsable. Sigo pensando en eso y siento que no le encuentro sentido.
Hay ratos en que me digo a mí misma que debería pensarlo. Que de todas formas a ese niño no le va a faltar nada, que solo tendría que suspender la universidad un semestre, que la familia del papá sería un amor con él, que sería "lo más hermoso de la vida" como dicen las madres primerizas. Qué como soy capaz de hacer algo tan cruel, que qué tal que ese frijol ya tenga una pequeña alma o alguna pendejada espiritual o energética de ese tipo y yo lo esté arruinando todo.
Luego pienso en mi propia vida, en mis planes y en la convicción que tengo de que traer hijos al mundo porque sí, es anti ecológico y estúpido. ¿Qué voy a hacer yo a esta edad tratando de criar un niñito? No me parece que sea muy buena idea.

***

Me tomé la primera. Sentí un calambre y algo salió. Algo, dejemoslo en eso. Dolió, pero no había sido tan espantoso todavía. Me tomé la segunda y empecé a sentir un tirón en la espalda, traté de caminar por la casa, respirando profundo. Y entonces empezó a salir todo. Y así, con el dolor punzante más fuerte que haya sentido nunca, empecé a romperme por dentro, mi cuerpo se deshacía, mis entrañas me abandonaban. Me acostaba en la cama por ratos, llorando del dolor, tratando de respirar, odiando el hecho de que el acetaminofen fuera tan inofensivo. Miraba al techo y deseaba quedar inconsciente un buen rato, devolver el tiempo, evitar ese paso. Me sentía sola porque estaba sola. Porque al final uno siempre termina solo en esas vainas. Era mi cuerpo. Era mi decisión. Era mi vida. Cada diez minutos me paraba al baño. Había mucha sangre, parecía una pelicula de terror, un suicidio, un chiste escabroso. Nada de ese rojo escarlata me parecía algo que tuviera que ver con un futuro ser humano. Nada ahí tenía que ver con la imagen romántica de mi hijo travieso... o de mi hija.  
"Te imaginas que hubiera sido una niña?", me dijo ayer. Y se reía, tratando de disimular la nostalgia, pensando que depronto esa niña hubiera sido igualita a mí, una versión chiquita de mi misma, bien contestona y escandalosa. Habría sido un padre excelente. No dejo de pensar en el hubiera. Es como si de alguna forma yo me hubiera detenido en ese momento. En el rojo escarlata, tratando de buscar algun rastro, algun indicio de que ya no estaba. Es tonto, pero tal vez en el fondo solo quería despedirme, disculparme. Tal vez por eso no quería que terminara, porque entonces mi vida seguiría. Cuando desapareciera ese dolor, ya no iba a estar. Y técnicamente nunca habría existido. No habría registro. Solo habría quedado en mi cabeza, en mi cuerpo. En una esquinita de mis recuerdos inventados. 
Ya no está, ya no hay nada. Solo esto. Sé que no vale la pena que le siga dando vueltas al tema. Que siga tratando de imaginármelo. Ya que, me digo. Tal vez, más allá de mi egoísmo, lo hice por él para que tal vez después pueda tener un hijo porque quiera hacerlo. Tal vez entonces pueda acordarme de esto y pensar que fue lo mejor, que lo hice para poder darle las cosas que se merece, para poder disfrutar el hecho de desear a un hijo. Tal vez lo hice porque simplemente yo sabía lo que era mejor para él, porque prefería protegerlo... al fin y al cabo yo iba a ser su Mamá.
Sé que aunque no lo quiera, esto siempre hará parte de mí. Sé que sin importar la razón, lo hice y más allá del dolor físico me dolió mucho. Nunca desearía volver a pasar por esto. Nunca se lo desearía a nadie. Por ahora solo sé que la vida sigue. Mi vida sigue. Si valió la pena, aún no lo sé. Tal vez en otra vida me entere.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Montañita

Humo

La dicha de haberse quedado