Cold water

Cuando volvió a salir el sol, resolví dejarme caer en una sillita donde pudiera recibir algo de calor. Elevé la cara y sentí la preciosa temperatura de aquel cuerpo celestial, brillar en cada uno de mis poros. Parecía un fantasma, o la victima de algún vampirito, toda exangüe e inerte. Estaba helada, vacía, como un estuchito. Bien pálida que ya era de por si genéticamente, y ahora parecía casi transparente. Tenía las manos verdes, amoratadas y la izquierda llena de huecos. Parecía un colador, todo porque en medio del ataque de pánico, me había movido mucho cuando habían intentado ponerme la intravenosa. Yo estaba segura de que por esos huequitos se me iba a terminar de salir el último hálito de vida que quedaba dentro de mí. Cerré los ojos, me gustaba el sol, siempre me hacía sentir mejor. O un poco mejor en este caso particular, porque mi estado iba a requerir más de un baño solar para reponerme. Me estiré la manga del saco por encima del pulgar, para que los transeúntes no tuvieran que gozar de semejante vista y quedarse mirándome.
¿Por qué todo tenía que ser tan difícil?
A pesar de que no era la primera vez que me ocurría, seguía pensando que era absurdo. ¿Qué era lo que yo extrañaba tanto cuando en realidad nunca lo había tenido? No me había dado nada, así que no me había quitado nada y aún así lo extrañaba mucho. No, no me había pertenecido, ni me había dado nada, solo había sido y ya. Eso era lo que extrañaba, que fuera, que existiera. Que de vez en cuando dijera algo, que se hubiera preocupado por mí. Era lindo, eso es todo.
Ahora si parecía una loca. Me había llevado ambas manos a los oídos, como para tapármelos de un ruido insoportable. Mis dedos gatearon lentamente a mis mejillas, donde encontraron que la temperatura de mi cuerpo comenzaba a subir un poco. Gracias a Dios, todavía estoy viva. Pronto mi piel iba a aceptar con alegría que quedaba algo de sangre en mi cuerpo y me vería sonrosada, saludable. Pronto los morados se disolverían, me sentiría mejor y sonreiría.
Porque yo no podía extrañarlo para siempre.
¿Cierto?

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