notas para un texto aun no escrito sobre mi infancia: Part 3

4. Un recuerdo incompleto
Cuando yo era pequeñita era inquieta. Supongo que la mayoría de niños lo son, pero lo mío era en el sentido más literal posible, yo-no-me-podía-quedar-quieta. Todo el tiempo estaba saltando o dando vueltas hasta el mareo o corriendo o arrastrándome en los zapatos o haciendo daños con las cosas que no debía tocar...
Un día, en medio de mi revoloteo, me dio por ponerme a saltar enfrente de la mesa del comedor. Pónganle que yo era tan chiquita que la mesa me llegaba a la mandíbula más o menos. Era de noche, mi tía estaba intentando ver las noticias (era maña mía interrumpirle el proceso), mientras yo saltaba y saltaba. Como siempre, los adultos en medio de su sabiduría le advierten a uno el futuro de no hacerles caso o más bien se lo profetizan; y eso fue lo que hizo mi tía. "Alejandra, no más, quédese quieta, se va a pegar", me decía, pero yo seguía saltando. Saltaba, saltaba y saltaba y cada vez me iba acercando más a la mesa, mi tía insistía "quédese quieta, Alejandra, ¡se va a pegar carajo!", pero no oía nada y saltaba y saltaba y saltaba y seguía saltando...
Lo siguiente que recuerdo es estar acostada en la cama con un montón de papel higiénico ensangrentado a mí alrededor. Mi mamá me estaba arropando, me pasaba más papel higiénico por la boca y lo colocaba en la mesita de noche. Me quedé dormida.
Al otro día recuerdo haber despertado y haber visto el papel higiénico manchado de sangre, pero que las manchas se habían tornado cafés. Que extraño, pensé, la sangre es roja, no café. Y los siguientes recuerdos se remiten a una cierta frustración al mirarme al espejo, pues mi boca se veía asimétrica y por ende fea. No me podía poner labial (yo de chiquita era ridículamente vanidosa) porque la mitad de mi labio superior estaba cubierta por una asquerosa costra en vez de piel. Claro, eso me hizo un poco infeliz pero es lo único que recuerdo.
No recuerdo el golpe, por alguna extraña razón, por más que me esfuerzo no recuerdo algo que se me ocurre debió haber sido tan doloroso que debería haberme marcado (me revente la boca por Dios!!!). Probablemente lo suprimí precisamente por ser esa razón... porque hasta donde sé, no me golpeé la cabeza en el accidente, como para decir que hubiera quedado inconsciente o algo así. Pero de lo que si me acuerdo es del antes... mi obstinación por seguir saltando, ante mas me lo prohibieran y luego un muy difuso recuerdo de una boca asimétrica, que hoy en día no tiene ni un signo del accidente y encima besa muy bien...
Cuando yo era pequeñita era inquieta. Supongo que la mayoría de niños lo son, pero lo mío era en el sentido más literal posible, yo-no-me-podía-quedar-quieta. Todo el tiempo estaba saltando o dando vueltas hasta el mareo o corriendo o arrastrándome en los zapatos o haciendo daños con las cosas que no debía tocar...
Un día, en medio de mi revoloteo, me dio por ponerme a saltar enfrente de la mesa del comedor. Pónganle que yo era tan chiquita que la mesa me llegaba a la mandíbula más o menos. Era de noche, mi tía estaba intentando ver las noticias (era maña mía interrumpirle el proceso), mientras yo saltaba y saltaba. Como siempre, los adultos en medio de su sabiduría le advierten a uno el futuro de no hacerles caso o más bien se lo profetizan; y eso fue lo que hizo mi tía. "Alejandra, no más, quédese quieta, se va a pegar", me decía, pero yo seguía saltando. Saltaba, saltaba y saltaba y cada vez me iba acercando más a la mesa, mi tía insistía "quédese quieta, Alejandra, ¡se va a pegar carajo!", pero no oía nada y saltaba y saltaba y saltaba y seguía saltando...
Lo siguiente que recuerdo es estar acostada en la cama con un montón de papel higiénico ensangrentado a mí alrededor. Mi mamá me estaba arropando, me pasaba más papel higiénico por la boca y lo colocaba en la mesita de noche. Me quedé dormida.
Al otro día recuerdo haber despertado y haber visto el papel higiénico manchado de sangre, pero que las manchas se habían tornado cafés. Que extraño, pensé, la sangre es roja, no café. Y los siguientes recuerdos se remiten a una cierta frustración al mirarme al espejo, pues mi boca se veía asimétrica y por ende fea. No me podía poner labial (yo de chiquita era ridículamente vanidosa) porque la mitad de mi labio superior estaba cubierta por una asquerosa costra en vez de piel. Claro, eso me hizo un poco infeliz pero es lo único que recuerdo.
No recuerdo el golpe, por alguna extraña razón, por más que me esfuerzo no recuerdo algo que se me ocurre debió haber sido tan doloroso que debería haberme marcado (me revente la boca por Dios!!!). Probablemente lo suprimí precisamente por ser esa razón... porque hasta donde sé, no me golpeé la cabeza en el accidente, como para decir que hubiera quedado inconsciente o algo así. Pero de lo que si me acuerdo es del antes... mi obstinación por seguir saltando, ante mas me lo prohibieran y luego un muy difuso recuerdo de una boca asimétrica, que hoy en día no tiene ni un signo del accidente y encima besa muy bien...
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