Redemption

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I.

Tal vez, si me quedo el tiempo suficiente bajo la lluvia, todos mis errores sean borrados de golpe.
Tal vez, como un penitente que se arrodilla en una misa para ser absuelto con el poder simbólico de una bendición, la magia o la química del agua pueda deshacer en gotas cada herida.
Tal vez, de tanto rogarle a un dios olvidado, logre desenterrar de mi cabeza la verguenza.
Tal vez, a fuerza de repetir su nombre como un mantra, logre conjurarlo de mis recuerdos.
Tal vez, de tanto llorar por lo mismo, voy a terminar extirpando de mi alma todos sus temores.
Tal vez, de tanto contar versiones de mi vida en la que no existen agujeros negros, el pasado se reconstruya.

II.

Renovarse es el sueño de cada converso, de cada ser que busca redimir sus faltas; que moldea en su cabeza la realidad para creer que ese dios olvidado, cuyo nombre pronuncia en vano cuando el temor lo persigue, se ha apiadado de 1 de entre 1.000 millones de personas para concederle la gracia de un presente sin pasado, una pizarra en blanco, una tábula raza para empezar a predicar una nueva vida.

III.

A falta de agua bendita me arrodillo bajo la ducha. Y a falta de un dios al que rogarle una conversión, elevo la cara a un chorro de agua casi hirviente y le pido que al menos me de la ilusión de ser una persona capaz de moverme y sobrevivir a la semana.
Los errores, las heridas, la vergüenza, los recuerdos, los temores, los agujeros negros, nada de eso desaparece. Pero al menos, con un chorro de agua caliente encima, quiero pensar que todo eso se evapora.
Al menos un poco.
Al menos lo suficiente para creer que ayer no existió. Que todo empieza hoy, al salir de la ducha.



*Photo; "Jackie" Pablo Larrain’

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